Deja que nieve y que se ahogue todo en la tormenta,
que se frisen todos los latidos y adormezcan los sentidos.
Deja que caiga, una a una y poco a poco;
que te arrope hasta la sombra de un suspiro.
Deja que caiga, horizontal, vertical, diagonal, da igual.
Deja que se arrope tu corazón, que esta frío,
y se congele todo lo que ya estaba helado.
Haz como el camarón que se duerme...
Deja que sea invierno por que el verano también fue asfixiante;
deja que en vez de gris todo se vuelva blanco, subreal.
Solo tienes que ser un puño de materia inerte,
observando desde dentro;
traspasando las paredes con la mente,
jamás con el corazón.
No puedes evitar ser el rey Midas del hielo
sientes que ya no puedes respirar,
y despacio te conviertes en estatua...
y no de la libertad.
Sino en la Monalisa del polo este.
O en la mujer del Vitrubio de lágrimas congeladas.
Al menos ya no lloras, por que el frío no te lo permite;
sin embargo, tampoco te permite sonreír...
Admiras desde tu sórdido silencio,
la vida de la gente, que no tienes.
La belleza del error y del perdón,
de un desliz, de una locura...
en fin, de esos lujos que no tienes.
Y todo cae, todo pasa y todo se pierde...
en el abismo del tiempo y el espacio.
Agonizas es cierto,
en el fondo se escuchan los latidos,
mueres lentamente y de ello estas consciente...
Deja que sea invierno, pues no hay verano eterno.
que se frisen todos los latidos y adormezcan los sentidos.
Deja que caiga, una a una y poco a poco;
que te arrope hasta la sombra de un suspiro.
Deja que caiga, horizontal, vertical, diagonal, da igual.
Deja que se arrope tu corazón, que esta frío,
y se congele todo lo que ya estaba helado.
Haz como el camarón que se duerme...
Deja que sea invierno por que el verano también fue asfixiante;
deja que en vez de gris todo se vuelva blanco, subreal.
Solo tienes que ser un puño de materia inerte,
observando desde dentro;
traspasando las paredes con la mente,
jamás con el corazón.
No puedes evitar ser el rey Midas del hielo
sientes que ya no puedes respirar,
y despacio te conviertes en estatua...
y no de la libertad.
Sino en la Monalisa del polo este.
O en la mujer del Vitrubio de lágrimas congeladas.
Al menos ya no lloras, por que el frío no te lo permite;
sin embargo, tampoco te permite sonreír...
Admiras desde tu sórdido silencio,
la vida de la gente, que no tienes.
La belleza del error y del perdón,
de un desliz, de una locura...
en fin, de esos lujos que no tienes.
Y todo cae, todo pasa y todo se pierde...
en el abismo del tiempo y el espacio.
Agonizas es cierto,
en el fondo se escuchan los latidos,
mueres lentamente y de ello estas consciente...
Deja que sea invierno, pues no hay verano eterno.