Te fuiste envuelta en una luz radiante
que me trasmitió tu paz.
Tu cuerpo frío que yacía derrumbado
ya no eras tú,
eras la señal que me diste
al encender la luz de la habitación
y que yo supe comprender.
Eres la cantidad de recuerdos que atesoro,
todas aquellas frases que me dijiste
y que aún repito en tu nombre.
Eres la risa que recuerdo y esa mirada nostálgica
que hubiese querido aliviar.
No necesito visitar el lugar físico
donde la tradición dice
que debiese ir a recordarte,
pues,
estás presente en tu ausencia
vives en mí día a día,
en el nexo
de tu dimensión y de la mía
donde las partículas de tiempo
trascienden la corporeidad.
No es mi memoria,
sino todo mi ser
que empapado de tu esencia
mantiene tu imagen,
tu aroma,
tu voz,
la suavidad de tus manos.
Y a veces Morfeo
nos acoge entre sus brazos
para que podamos encontrarnos.
que me trasmitió tu paz.
Tu cuerpo frío que yacía derrumbado
ya no eras tú,
eras la señal que me diste
al encender la luz de la habitación
y que yo supe comprender.
Eres la cantidad de recuerdos que atesoro,
todas aquellas frases que me dijiste
y que aún repito en tu nombre.
Eres la risa que recuerdo y esa mirada nostálgica
que hubiese querido aliviar.
No necesito visitar el lugar físico
donde la tradición dice
que debiese ir a recordarte,
pues,
estás presente en tu ausencia
vives en mí día a día,
en el nexo
de tu dimensión y de la mía
donde las partículas de tiempo
trascienden la corporeidad.
No es mi memoria,
sino todo mi ser
que empapado de tu esencia
mantiene tu imagen,
tu aroma,
tu voz,
la suavidad de tus manos.
Y a veces Morfeo
nos acoge entre sus brazos
para que podamos encontrarnos.