pau_leg
Poeta recién llegado
Mientras mueres de cansancio en mis brazos
recostados en el asiento trasero de un auto a las cuatro de la mañana
de un sábado cualquiera,
casi sordos por lo que nos gritaron al oído,
mueres y yo también, pero de deseo.
Sabes muy bien por qué la agitación de mis latidos, no preguntes.
Esta cruel situación me soborna,
yo no puedo y tú no debes, nunca debes...
pero aun así
Duermes, mueres, en mis caricias.
Con tus labios en dirección a los míos,
llamándome a gritos, fingiendo que estás inconciente.
Beso tu frente para aliviar alguna excusa, pero no...
La empeora.
Y mi remordimiento se agarra la cabeza, despeinando mi imaginación.
Es inevitable, yo quiero que sea inevitable.
Me rindo.
Rozo el borde de tu boca, y sonríes satisfecho.
Le concedí el honor a tu despiadado plan.
Tu lengua danza con mi piel, haciéndome cosquillas.
Tus manos dulces le susurran secretos a mi espalda.
Te dejas llevar por el río de mi cuello abrasándome fuerte..
Y finalmente, un desierto se desplomó sobre nosotros,
desatando nuestros peligrosos instintos y cada nudo de la ropa.
Ya no muero en la incertidumbre,
ahora me vas cortando lentamente la respiración en la excitación.
Tirándome el cabello, vas más y más lejos.
Bésame, bésame, bésame, es todo lo que deseo...
Por más secos y agridulces que sean,
los escalofríos se visten diferentes esta noche,
Debe ser porque nuestra pasión se sirve sin sal.
Estamos a kilómetros de todo.
Perdidos en la ciudad sin hora que a veces visitamos,
dentro de un auto, con el frío espiándonos.
Qué agotador que es nuestro juego,
esperar hasta la oportunidad justa para detonar la bomba.
Ambos sabemos que siempre, siempre, terminaremos así,
Quieras o no, pero hay que admitirlo...
Sí queremos, y lo queremos ardientemente.
Somos un desastre, pero nos encanta.
recostados en el asiento trasero de un auto a las cuatro de la mañana
de un sábado cualquiera,
casi sordos por lo que nos gritaron al oído,
mueres y yo también, pero de deseo.
Sabes muy bien por qué la agitación de mis latidos, no preguntes.
Esta cruel situación me soborna,
yo no puedo y tú no debes, nunca debes...
pero aun así
Duermes, mueres, en mis caricias.
Con tus labios en dirección a los míos,
llamándome a gritos, fingiendo que estás inconciente.
Beso tu frente para aliviar alguna excusa, pero no...
La empeora.
Y mi remordimiento se agarra la cabeza, despeinando mi imaginación.
Es inevitable, yo quiero que sea inevitable.
Me rindo.
Rozo el borde de tu boca, y sonríes satisfecho.
Le concedí el honor a tu despiadado plan.
Tu lengua danza con mi piel, haciéndome cosquillas.
Tus manos dulces le susurran secretos a mi espalda.
Te dejas llevar por el río de mi cuello abrasándome fuerte..
Y finalmente, un desierto se desplomó sobre nosotros,
desatando nuestros peligrosos instintos y cada nudo de la ropa.
Ya no muero en la incertidumbre,
ahora me vas cortando lentamente la respiración en la excitación.
Tirándome el cabello, vas más y más lejos.
Bésame, bésame, bésame, es todo lo que deseo...
Por más secos y agridulces que sean,
los escalofríos se visten diferentes esta noche,
Debe ser porque nuestra pasión se sirve sin sal.
Estamos a kilómetros de todo.
Perdidos en la ciudad sin hora que a veces visitamos,
dentro de un auto, con el frío espiándonos.
Qué agotador que es nuestro juego,
esperar hasta la oportunidad justa para detonar la bomba.
Ambos sabemos que siempre, siempre, terminaremos así,
Quieras o no, pero hay que admitirlo...
Sí queremos, y lo queremos ardientemente.
Somos un desastre, pero nos encanta.