No hay ya ni un sólo objeto
que se pueda tocar, no hay ya ni un signo
superviviente en el jardín diario
que demuestre el encuentro con el sol.
Nada ha logrado sujetarse al aire
desde que comenzaron los orígenes
a caerse en el tiempo,
y sólo alguna muestra
de la intoxicación del crecimiento
ha logrado un espacio entre las sombras,
en la inmateria dócil que se agarra a las cosas.
Concretamente el odio, que ha vencido
a nuestra indiferencia, un imposible,
como la forma esdrújula del agua
cuando alcanza en las fechas el lenguaje
tal vez de la liturgia condensada
de una borrasca juvenil en forma.
Supongo que en invierno escasea el oxígeno
y la umbría se posa en las miradas.
Pero en mayo no entiendo la amenaza
del lado incomprensible de las hojas.
que se pueda tocar, no hay ya ni un signo
superviviente en el jardín diario
que demuestre el encuentro con el sol.
Nada ha logrado sujetarse al aire
desde que comenzaron los orígenes
a caerse en el tiempo,
y sólo alguna muestra
de la intoxicación del crecimiento
ha logrado un espacio entre las sombras,
en la inmateria dócil que se agarra a las cosas.
Concretamente el odio, que ha vencido
a nuestra indiferencia, un imposible,
como la forma esdrújula del agua
cuando alcanza en las fechas el lenguaje
tal vez de la liturgia condensada
de una borrasca juvenil en forma.
Supongo que en invierno escasea el oxígeno
y la umbría se posa en las miradas.
Pero en mayo no entiendo la amenaza
del lado incomprensible de las hojas.