Lightyear
Poeta fiel al portal
Un rasgueo de guitarra
y el monótono tic-tac del reloj
rompen el silencio letal
de unas horas dormidas
en un atardecer cualquiera
de un domingo cualquiera.
Todo acusa soledad a mi alrededor,
el parque de siempre,
vacío, inerte;
el cielo azul grisáceo,
la lluvia transparente,
el eco de unas risas lejanas,
símbolos de una decadencia interior
que se acentúa más cada día.
Pero ya no siento la congoja de antaño,
ni el sabor agridulce de las lágrimas
que rozan mis labios.
Ya no siento ese ansia loca
de huir de mi realidad estúpida,
de iniciar esa carrera sin fin
cuya meta sería tu mano
tendida hacia mi.
Mi refugio ya no son tus brazos
sino yo misma.
Quizás por el amor que te tengo,
o el que te tuve,
ya no quiero compartir mi soledad contigo;
es algo mío,
lo único que de verdad me pertenece.
Tan lejos de mi ahora, más que nunca,
ya no escucho tu risa,
ni espero encontrarte
a la vuelta de cada esquina.
Tan lejos, amor,
tan lejos eres sólo niebla.
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