Que día tan gris.
Un día que te cae
en la cara
y enloquece
a la inocencia.
No son rayos,
de esos que
calientan la tierra,
o que alteran
a los roedores.
No es aquella
que resbala
por los tejados;
bajo la que me
encanta cantar,
o besarte.
No es un día
cruel, de esos
que no me dejan
verte, ni es un
día que te caiga
mal porque te
despeina.
No es un día
en que sea facil
prestarte el
abrigo.
Nieva,
y mi cara se tiñe
del color de la
vergüenza,
y no quieres
cogerme las manos,
y te dedicas
a lanzarme bolas
y a recordarme,
tirada en el suelo,
que, por accidente,
te caiste con
uno de esos copos
blancos.
Un día que te cae
en la cara
y enloquece
a la inocencia.
No son rayos,
de esos que
calientan la tierra,
o que alteran
a los roedores.
No es aquella
que resbala
por los tejados;
bajo la que me
encanta cantar,
o besarte.
No es un día
cruel, de esos
que no me dejan
verte, ni es un
día que te caiga
mal porque te
despeina.
No es un día
en que sea facil
prestarte el
abrigo.
Nieva,
y mi cara se tiñe
del color de la
vergüenza,
y no quieres
cogerme las manos,
y te dedicas
a lanzarme bolas
y a recordarme,
tirada en el suelo,
que, por accidente,
te caiste con
uno de esos copos
blancos.