dulcinista
Poeta veterano en el Portal
El rocío viste la hierba de noviembre,
lámparas verdes alumbran las veredas
y una niña deja en el suelo sus manos
líquidas que caen como agua a la tierra.
Más allá de sus ojos nace un camino
que a la nada conduce siendo de arena
y tras el horizonte un campo de dalias
donde solo un candil alumbra si hiela.
Más allá, muy lejos, donde nadie vive
solo es el silencio y perdura la piedra
desde el mar de llanto a los bosques de luto
donde la soledad y la muerte quedan.
Nadie soporta así el nacimiento libre
del diablo bajo la lúgubre escalera,
nadie soporta su látigo de cerio
salvo aquel que conoce su cruel espuela.
Mirad su sabio gesto de bufón loco
que vaga por los montes tras de una estrella,
contemplad la luz que desprenden sus dedos
al apagar furioso las largas velas
y cómo la noche se adueña de todo
hasta llegar la nada que se hace eterna.
Eladio Parreño Elías
23-Marzo-2013
lámparas verdes alumbran las veredas
y una niña deja en el suelo sus manos
líquidas que caen como agua a la tierra.
Más allá de sus ojos nace un camino
que a la nada conduce siendo de arena
y tras el horizonte un campo de dalias
donde solo un candil alumbra si hiela.
Más allá, muy lejos, donde nadie vive
solo es el silencio y perdura la piedra
desde el mar de llanto a los bosques de luto
donde la soledad y la muerte quedan.
Nadie soporta así el nacimiento libre
del diablo bajo la lúgubre escalera,
nadie soporta su látigo de cerio
salvo aquel que conoce su cruel espuela.
Mirad su sabio gesto de bufón loco
que vaga por los montes tras de una estrella,
contemplad la luz que desprenden sus dedos
al apagar furioso las largas velas
y cómo la noche se adueña de todo
hasta llegar la nada que se hace eterna.
Eladio Parreño Elías
23-Marzo-2013
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