A través de la mirada
quiero enseñarte mi alma,
mis miedos y temores,
mi alegría y mi calma.
Vida tras cuatro rejas,
que no son las de la ventana,
que las forjaron los hombres
convirtiéndome en su esclava.
Quise volar cuando niña
de este lugar que me ata,
pero rompieron en mi vida
la ilusión y la esperanza.
Cuando tú, que hoy me miras
con muñecas aún jugabas,
en manos de muchos hombres
yo era la muñeca esperada;
crecí siendo un juguete
de los hombres en noches cálidas,
tan solo por comida caliente
que poder llevar a mi casa.
Mi cuerpo se fue ajando,
de mano en mano...ultrajada,
sin poder oponerme ni negarme,
siempre con la sonrisa en la cara.
Hoy, pasados muchos años,
las arrugas aún delatan
las veces que mis ojos lloraron
aunque no tenían ya lágrimas.
Mirando a través de rejas
que ahora son las de mi casa,
miro a ese mundo injusto
que aún hoy me aprisiona y mata,
y veo salir a mi hija
en busca también de plata,
ofreciendo su cuerpo de niña
a quien pida noche plácida.
Y no lloro, no puedo, lo sineto,
mis ojos siguen sin lágrimas,
pero ofrecería mi vida entera
para que a mi hija alguien liberara.
quiero enseñarte mi alma,
mis miedos y temores,
mi alegría y mi calma.
Vida tras cuatro rejas,
que no son las de la ventana,
que las forjaron los hombres
convirtiéndome en su esclava.
Quise volar cuando niña
de este lugar que me ata,
pero rompieron en mi vida
la ilusión y la esperanza.
Cuando tú, que hoy me miras
con muñecas aún jugabas,
en manos de muchos hombres
yo era la muñeca esperada;
crecí siendo un juguete
de los hombres en noches cálidas,
tan solo por comida caliente
que poder llevar a mi casa.
Mi cuerpo se fue ajando,
de mano en mano...ultrajada,
sin poder oponerme ni negarme,
siempre con la sonrisa en la cara.
Hoy, pasados muchos años,
las arrugas aún delatan
las veces que mis ojos lloraron
aunque no tenían ya lágrimas.
Mirando a través de rejas
que ahora son las de mi casa,
miro a ese mundo injusto
que aún hoy me aprisiona y mata,
y veo salir a mi hija
en busca también de plata,
ofreciendo su cuerpo de niña
a quien pida noche plácida.
Y no lloro, no puedo, lo sineto,
mis ojos siguen sin lágrimas,
pero ofrecería mi vida entera
para que a mi hija alguien liberara.