Hotarubi
Poeta recién llegado
Niña.
Siete serpientes vienen a verme,
se desabrocha el marfil como dientes de león,
va durmiéndose la joven con los ojos estaurolita,
ella juega al escondite en sus sueños
con un cordero degollado entre sus brazos.
En qué momento se marchitó
el candor del crisantemo,
susurra la niña, recortando papeles,
pero no la escucho.
Ilusión cosida en las mangas de farol
mientras sale a flote una mirada
con mejillas encendidas de frambuesa,
destemplanza saprófita del amor
como algodón de azúcar hecho caramelo
con el calor de tu lengua.
Donde el deseo se custodió
en los terrones de sal,
y la niña traga ansiosa, haciendo zumo,
pero yo sigo con sed.
Puñaladas oblicuas en el costado de un futuro,
hemorragias de un atardecer
que es engullido por el horizonte.
Creí volver a la infancia aquel día que encontré
en la guardilla de tu tacto unas vendas
que curarían las heridas de una vida.
Y la niña lloró, mirándose al espejo.
Y yo lloré con ella.
Siete serpientes vienen a verme,
se desabrocha el marfil como dientes de león,
va durmiéndose la joven con los ojos estaurolita,
ella juega al escondite en sus sueños
con un cordero degollado entre sus brazos.
En qué momento se marchitó
el candor del crisantemo,
susurra la niña, recortando papeles,
pero no la escucho.
Ilusión cosida en las mangas de farol
mientras sale a flote una mirada
con mejillas encendidas de frambuesa,
destemplanza saprófita del amor
como algodón de azúcar hecho caramelo
con el calor de tu lengua.
Donde el deseo se custodió
en los terrones de sal,
y la niña traga ansiosa, haciendo zumo,
pero yo sigo con sed.
Puñaladas oblicuas en el costado de un futuro,
hemorragias de un atardecer
que es engullido por el horizonte.
Creí volver a la infancia aquel día que encontré
en la guardilla de tu tacto unas vendas
que curarían las heridas de una vida.
Y la niña lloró, mirándose al espejo.
Y yo lloré con ella.