Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
Me aposenté acurrucándome dispuesto
En la nebulosa burbuja
Que de mi anhelo, hizo un día tu mirada.
Desahuciado de todo cuanto no sea
-permíteme una vez más llamarte-: Amada
El tierno renacer de tu recuerdo.
Sustento
De la insaciable y mística ternura
Que emana de tu entraña.
No trates pues Mujer,
¡Atiende!
El comprender;
Que en mí, ahora ya,
Así;
De tal forma el querer se ensaña
Haciendo
Con un soplo de Locura
Tan tierno y luminoso el alimento,
Que ya nada disturba, confunde o empaña
La imagen por la cual se enajena mi cordura.
Aquella dulcísima emanación de amor sobre tu cara.
El rosa nacarado de una lagrima de amor
Ingrávida y latente, temblando de ilusión,
¡Viva! Así nació aquel poema,
Aquél que fue tiernísimo poema de amor
Sobre tu mejilla broto. Como al conjuro
De dos almas privadas de futuro.
Quedó así, por un mágico y tiernísimo momento
Convertida en eterno sustento
De mi universo.
¿Comprendes pues ahora, tú, mujer,
Porqué
Ni un punto tan siquiera estorban
O confunden ya
Las penas. Los Temores. Las angustias
Disfrazadas de razones a ésta aliada del Amor:
Mí locura?
¡Ninfa de lo insaciable!
Que procura
Irredimible:
Gozar de lo imposible.
En la nebulosa burbuja
Que de mi anhelo, hizo un día tu mirada.
Desahuciado de todo cuanto no sea
-permíteme una vez más llamarte-: Amada
El tierno renacer de tu recuerdo.
Sustento
De la insaciable y mística ternura
Que emana de tu entraña.
No trates pues Mujer,
¡Atiende!
El comprender;
Que en mí, ahora ya,
Así;
De tal forma el querer se ensaña
Haciendo
Con un soplo de Locura
Tan tierno y luminoso el alimento,
Que ya nada disturba, confunde o empaña
La imagen por la cual se enajena mi cordura.
Aquella dulcísima emanación de amor sobre tu cara.
El rosa nacarado de una lagrima de amor
Ingrávida y latente, temblando de ilusión,
¡Viva! Así nació aquel poema,
Aquél que fue tiernísimo poema de amor
Sobre tu mejilla broto. Como al conjuro
De dos almas privadas de futuro.
Quedó así, por un mágico y tiernísimo momento
Convertida en eterno sustento
De mi universo.
¿Comprendes pues ahora, tú, mujer,
Porqué
Ni un punto tan siquiera estorban
O confunden ya
Las penas. Los Temores. Las angustias
Disfrazadas de razones a ésta aliada del Amor:
Mí locura?
¡Ninfa de lo insaciable!
Que procura
Irredimible:
Gozar de lo imposible.