orees19
Poeta que considera el portal su segunda casa
ella lo había dejado por sus maltratos.
tenían una niña, y ella también un niño de una relación previa.
ella lo había dejado por sus maltratos.
pero como ya sabemos cómo va la cosa en centroamérica,
y decidiendo que aquello era inaceptable
-una afrenta que ni el tiempo ni la historia ni la montaña olvidaría-,
el hombre entró en la casa mientras ella estaba trabajando
y se llevó a los niños.
ella lo había dejado por sus maltratos:
lo decía la gente tomándose una coca cola en la pulpería del pueblo
entre los chismeríos de la vida y obra de sus habitantes
la niña regresó esa tarde a su casa y no dijo nada.
no dijo nada. para cuando la policía encontró a su hermano era ya tarde
y sus bracitos sobresalían de entre los lodos de un descampado.
ella lo había dejado por sus maltratos,
y la vida fue como una bebida que se derramó ante sus ojos.
cuando las cámaras de televisión enfocaron al ex-marido
él no tuvo empacho en contestar las preguntas que tan morbosamente
ansiaba conocer el televidente en casa:
con el niño no tenía ningún problema,
pero lo había matado porque tenía problemas con su madre.
bajo el aguacero de hoy encendí la vieja radio de la sala:
un diluvio en toda regla para deleitarnos con el sonido del transistor.
el locutor anuncia que tras ser trasladado al penal regional
los demás reos han rodeado al ex-marido
y lo han matado a golpes entre todos, con tubos y cualquier cosa
que tuvieran a mano.
ella lo había dejado por sus maltratos.
yo no voy a decidir qué es inaceptable y qué no.
pero una afrenta que ni el tiempo ni la historia ni la montaña olvidaría
-en esta sociedad molida a golpes-
es como apagar la radio.
tomar el paraguas.
y caminar bajo el chubasco
sin que la muerte de un criminal te importe.
talvez la niña no dijo nada porque a ella también
ya la habían matado a golpes con un tubo.
Exequiel Hernández (6 años)
http://www.laprensa.hn/sucesos/933479-410/hondureño-que-mató-a-hijastro-no-duró-ni-15-minutos-en-las
tenían una niña, y ella también un niño de una relación previa.
ella lo había dejado por sus maltratos.
pero como ya sabemos cómo va la cosa en centroamérica,
y decidiendo que aquello era inaceptable
-una afrenta que ni el tiempo ni la historia ni la montaña olvidaría-,
el hombre entró en la casa mientras ella estaba trabajando
y se llevó a los niños.
ella lo había dejado por sus maltratos:
lo decía la gente tomándose una coca cola en la pulpería del pueblo
entre los chismeríos de la vida y obra de sus habitantes
la niña regresó esa tarde a su casa y no dijo nada.
no dijo nada. para cuando la policía encontró a su hermano era ya tarde
y sus bracitos sobresalían de entre los lodos de un descampado.
ella lo había dejado por sus maltratos,
y la vida fue como una bebida que se derramó ante sus ojos.
cuando las cámaras de televisión enfocaron al ex-marido
él no tuvo empacho en contestar las preguntas que tan morbosamente
ansiaba conocer el televidente en casa:
con el niño no tenía ningún problema,
pero lo había matado porque tenía problemas con su madre.
bajo el aguacero de hoy encendí la vieja radio de la sala:
un diluvio en toda regla para deleitarnos con el sonido del transistor.
el locutor anuncia que tras ser trasladado al penal regional
los demás reos han rodeado al ex-marido
y lo han matado a golpes entre todos, con tubos y cualquier cosa
que tuvieran a mano.
ella lo había dejado por sus maltratos.
yo no voy a decidir qué es inaceptable y qué no.
pero una afrenta que ni el tiempo ni la historia ni la montaña olvidaría
-en esta sociedad molida a golpes-
es como apagar la radio.
tomar el paraguas.
y caminar bajo el chubasco
sin que la muerte de un criminal te importe.
talvez la niña no dijo nada porque a ella también
ya la habían matado a golpes con un tubo.
Exequiel Hernández (6 años)
http://www.laprensa.hn/sucesos/933479-410/hondureño-que-mató-a-hijastro-no-duró-ni-15-minutos-en-las
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