Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mire su sombra en la calle
Llena de tierra y sudor
Su piel vestía de mugre
Sus ropas despedían mal olor
Pasó ayer en la tarde
Cual si fuera un soñador
Sus manos con sangre
Sus ojos de dolor
Lloraba cual animal herido
Quizá por alguna traición
Tal vez sin haber comido
Sin latidos su corazón
Mire su sombra en la calle
Sin mirar alguna ocasión
Su mirada perdida en el aire
Con tristeza y sin amor
Sus ojos lloraban de angustia
Su boca gemía de dolor
Su cuerpo aun con hambre
Quizá comía en rara ocasión
Me acerque aquella sombra extraña
La cual temblaba de frío
Fui a tenderle una manta
Y comprendí que aun era un niño
Sus pies andaban descalzos
Rotos de tanto andar
Su cara llena de espanto
Quizá ni sabía hablar
Aquella sombra en la calle
Mañana quizá morirá
Por culpa de aquellos padres
Que de el nunca se acordarán
Llena de tierra y sudor
Su piel vestía de mugre
Sus ropas despedían mal olor
Pasó ayer en la tarde
Cual si fuera un soñador
Sus manos con sangre
Sus ojos de dolor
Lloraba cual animal herido
Quizá por alguna traición
Tal vez sin haber comido
Sin latidos su corazón
Mire su sombra en la calle
Sin mirar alguna ocasión
Su mirada perdida en el aire
Con tristeza y sin amor
Sus ojos lloraban de angustia
Su boca gemía de dolor
Su cuerpo aun con hambre
Quizá comía en rara ocasión
Me acerque aquella sombra extraña
La cual temblaba de frío
Fui a tenderle una manta
Y comprendí que aun era un niño
Sus pies andaban descalzos
Rotos de tanto andar
Su cara llena de espanto
Quizá ni sabía hablar
Aquella sombra en la calle
Mañana quizá morirá
Por culpa de aquellos padres
Que de el nunca se acordarán