No ayuda de grupo.

una noche mas

Poeta recién llegado
- Buenas noches, me llamo Amalia, y tengo 34 años... el problema por el cúal estoy acá hoy
es por que simplemente, me acostumbré.
- Haber... explicanos cómo es eso Amalia.
- Sí... me acostumbró a desahogar mis broncas y frustraciones a travéz del enojo constante con absolutamente todo.
Me acostumbré que al llegar a mi propio límite, que yo limité,
lo único que me desahoga es provocarme dolor,
y dejarme así en la piel un recordatorio.
Me acostumbré a querer llorar y no tener más lágrimas para hacerlo.
Me acostumbré a camuflar mis propias mentiras
y a vivir con ellas recordándome día tras día que son verdad.
Me acostumbré a no decir lo que pienso,
y a no hacerme cargo de las consecuencias,
a no pensar lo que digo tampoco, sin comprender la magnitud del daño, que podría causar.
Me acostumbré a esconderme tras una forma de ser que no soy realmente...
Me acostumbre a que está bien que nadie me valore...
por que está bien que no tenga valor.
Me acostumbré a que está bien que nadie me vea...
por que debe de estar bien que todos me ignoren.
Me acostumbré a no querer ser más que el resto...
por que simplemente siempre seré nada entre todo.
Me acostumbré a callar cuando no tengo ni debo hacerlo...
y a hablar cuando por hablar desearía haber enmudecido.
cuando por hablar me han gritado tanto...
que mi voz quedo ínfima... nula.
Me acostumbré a conformarme con tán poco entre lo mucho que hay para elegir.
Me acostumbré a dar si esperar nada a cambio...
por que nunca hubo nada...
ni a cambio, ni por elección... nunca hubo.
-Sigo?... o ya los aburrí con mi historia?
- No... no te preocupes, nos acostumbramos a escucharte ya.
 
- Buenas noches, me llamo Amalia, y tengo 34 años... el problema por el cúal estoy acá hoy
es por que simplemente, me acostumbré.
- Haber... explicanos cómo es eso Amalia.
- Sí... me acostumbró a desahogar mis broncas y frustraciones a travéz del enojo constante con absolutamente todo.
Me acostumbré que al llegar a mi propio límite, que yo limité,
lo único que me desahoga es provocarme dolor,
y dejarme así en la piel un recordatorio.
Me acostumbré a querer llorar y no tener más lágrimas para hacerlo.
Me acostumbré a camuflar mis propias mentiras
y a vivir con ellas recordándome día tras día que son verdad.
Me acostumbré a no decir lo que pienso,
y a no hacerme cargo de las consecuencias,
a no pensar lo que digo tampoco, sin comprender la magnitud del daño, que podría causar.
Me acostumbré a esconderme tras una forma de ser que no soy realmente...
Me acostumbre a que está bien que nadie me valore...
por que está bien que no tenga valor.
Me acostumbré a que está bien que nadie me vea...
por que debe de estar bien que todos me ignoren.
Me acostumbré a no querer ser más que el resto...
por que simplemente siempre seré nada entre todo.
Me acostumbré a callar cuando no tengo ni debo hacerlo...
y a hablar cuando por hablar desearía haber enmudecido.
cuando por hablar me han gritado tanto...
que mi voz quedo ínfima... nula.
Me acostumbré a conformarme con tán poco entre lo mucho que hay para elegir.
Me acostumbré a dar si esperar nada a cambio...
por que nunca hubo nada...
ni a cambio, ni por elección... nunca hubo.
-Sigo?... o ya los aburrí con mi historia?
- No... no te preocupes, nos acostumbramos a escucharte ya.
Malo y de cobardes acontumbrarse a todo y a todos. Si lo que vivimos no nos gusta, chasquido de desdos y a cambiarlo. Si lo que tenemos alrededor no aportan positividad, con valentía cambiamos esa realidad, si no es efectivo miramos a otro lado y nos quedamos con los verdaderos amigos.
Es bueno mirarse al espejo cada día al levantar, mandar un beso, pintar una sonrisa a la imagen radiante que nos mira.
Saludos una noche más y feliz miércoles.
 
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