Si presientes la tristeza,
esa tristeza invisible
que de vez en cuando acecha,
no dejes que te enamore
y vete por la vereda...
Vé y cuéntale a la luna
cada una de tus penas,
y mira la noche en calma
que está vestida de estrellas,
y sentirás que tus lágrimas
se van pareciendo a ellas...
Corre, y pídele al monte
que te abrace con su niebla,
y al viento, que te acaricie
con sus ráfagas de seda...
Y al amanecer,
cuando ya todo despierta,
ponte en medio de la vida,
mira, escucha, sueña...
imagínate de niño
llorando con la tormenta,
queriendo volar más alto
al filo de la cometa,
amando tanto la vida
y sin entenderla apenas...
Y recupera esas cosas
que siempre fueron tan bellas,
saca a volar tu sonrisa,
busca en tu alma la fuerza,
y no me digas jamás
que está perdida la guerra,
y...
si volvieras de nuevo
a presentir la tristeza,
no dejes que te enamore
y ten las manos abiertas,
como esa vereda limpia,
que cura todas las penas
esa tristeza invisible
que de vez en cuando acecha,
no dejes que te enamore
y vete por la vereda...
Vé y cuéntale a la luna
cada una de tus penas,
y mira la noche en calma
que está vestida de estrellas,
y sentirás que tus lágrimas
se van pareciendo a ellas...
Corre, y pídele al monte
que te abrace con su niebla,
y al viento, que te acaricie
con sus ráfagas de seda...
Y al amanecer,
cuando ya todo despierta,
ponte en medio de la vida,
mira, escucha, sueña...
imagínate de niño
llorando con la tormenta,
queriendo volar más alto
al filo de la cometa,
amando tanto la vida
y sin entenderla apenas...
Y recupera esas cosas
que siempre fueron tan bellas,
saca a volar tu sonrisa,
busca en tu alma la fuerza,
y no me digas jamás
que está perdida la guerra,
y...
si volvieras de nuevo
a presentir la tristeza,
no dejes que te enamore
y ten las manos abiertas,
como esa vereda limpia,
que cura todas las penas