No diré nada del amor.

Dark_Agustin

Poeta adicto al portal
No hablaré del amor.


Hableré de ella,
con aroma de café,
con olor a hierba fresca,
como si Dios la hubiera rociado en la mañana.

Diré que sus ojos son como dos estrellas
que me alumbran de día y de noche,
y que su cuello es como esa fruta prohibida
que me comeré algún día...

...aunque me destierren del paraiso.

Que sus pechos son dos altares que alabo,
y que me han hecho idólatra, politeista,
porque no puedo decidir entre uno y otro.

Hablaré de su cintura, cuna de mi perdición,
es ahí donde cayó Adán... y yo también.

Y de sus piernas, esos muslos que se abren
para que la luz se derrame sobre su piel.

De ella, la que hace callar a los angeles cuando sonrie,
la que no parece hija de mortales,
hablaré de ella...
...y de nada más.
 
No hablaré del amor.


Hableré de ella,
con aroma de café,
con olor a hierba fresca,
como si Dios la hubiera rociado en la mañana.


Diré que sus ojos son como dos estrellas
que me alumbran de día y de noche,
y que su cuello es como esa fruta prohibida
que me comeré algún día...


...aunque me destierren del paraiso.

Que sus pechos son dos altares que alabo,
y que me han hecho idólatra, politeista,
porque no puedo decidir entre uno y otro.


Hablaré de su cintura, cuna de mi perdición,
es ahí donde cayó Adán... y yo también.


Y de sus piernas, esos muslos que se abren
para que la luz se derrame sobre su piel.


De ella, la que hace callar a los angeles cuando sonrie,
la que no parece hija de mortales,
hablaré de ella...
...y de nada más.
Precioso poema de entrega total a la amada. Muy bueno Dark. Un abrazo. Paco.
 
No hablaré del amor.


Hableré de ella,
con aroma de café,
con olor a hierba fresca,
como si Dios la hubiera rociado en la mañana.


Diré que sus ojos son como dos estrellas
que me alumbran de día y de noche,
y que su cuello es como esa fruta prohibida
que me comeré algún día...


...aunque me destierren del paraiso.

Que sus pechos son dos altares que alabo,
y que me han hecho idólatra, politeista,
porque no puedo decidir entre uno y otro.


Hablaré de su cintura, cuna de mi perdición,
es ahí donde cayó Adán... y yo también.


Y de sus piernas, esos muslos que se abren
para que la luz se derrame sobre su piel.


De ella, la que hace callar a los angeles cuando sonrie,
la que no parece hija de mortales,
hablaré de ella...
...y de nada más.
Bello poema de amor.

Un placer leerte
 
No hablaré del amor.


Hableré de ella,
con aroma de café,
con olor a hierba fresca,
como si Dios la hubiera rociado en la mañana.


Diré que sus ojos son como dos estrellas
que me alumbran de día y de noche,
y que su cuello es como esa fruta prohibida
que me comeré algún día...


...aunque me destierren del paraiso.

Que sus pechos son dos altares que alabo,
y que me han hecho idólatra, politeista,
porque no puedo decidir entre uno y otro.


Hablaré de su cintura, cuna de mi perdición,
es ahí donde cayó Adán... y yo también.


Y de sus piernas, esos muslos que se abren
para que la luz se derrame sobre su piel.


De ella, la que hace callar a los angeles cuando sonrie,
la que no parece hija de mortales,
hablaré de ella...
...y de nada más.
Bellas y secuales imágenes nos regalas
Un placer leerte
 

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