Creí muchas veces que el camino
era ajeno, distante, incierto;
que había un lugar más correcto,
donde al fin encontrar mi destino.
Y seguí, confundido en la norma,
persiguiendo señales externas;
sin ver que en mis propias cavernas
ya habitaba la clave que forma.
No era el mundo el que estaba perdido,
ni los otros, ni el rumbo ni el tiempo
era yo, en mi propio movimiento,
quien se hallaba buscando sentido.
Al cansarse mis ansias de huida,
parando la necesidad de llegar,
descubrí que el dejar de buscar
era justo empezar otra vida.
Porque el giro no fue en el afuera,
ni en los mapas, ni en nuevas respuestas;
fue mirar sin cerrar las puertas
hacia dentro… donde todo me espera.
era ajeno, distante, incierto;
que había un lugar más correcto,
donde al fin encontrar mi destino.
Y seguí, confundido en la norma,
persiguiendo señales externas;
sin ver que en mis propias cavernas
ya habitaba la clave que forma.
No era el mundo el que estaba perdido,
ni los otros, ni el rumbo ni el tiempo
era yo, en mi propio movimiento,
quien se hallaba buscando sentido.
Al cansarse mis ansias de huida,
parando la necesidad de llegar,
descubrí que el dejar de buscar
era justo empezar otra vida.
Porque el giro no fue en el afuera,
ni en los mapas, ni en nuevas respuestas;
fue mirar sin cerrar las puertas
hacia dentro… donde todo me espera.
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