Sinuhé
Poeta adicto al portal
No es nada de ti
Es solo el tiempo,
recibo la insolente soledad, el justiciero mediodía.
Capto, deshojo el árbol éste; del silencio.
Tengo, la serena calma de no ser;
atesoro las ruinas, impasible en imposible diálogo, tu voz.
Y el día glacial en la calle, y todo.
Ya es posible, ya existe indiferente y me mira;
insensata la tarde, se aproxima.
Gesticula, inhabitada y simple;
manotea, en diminutos laberintos de humo.
Acuden, asisten uno a uno y persistentes;
vagabundos, los minutos del éter.
Qué ha de decir si ya, restan las horas;
y la ciudad diminuta y terrestre;
deshabitada y torpe se persigue.
Quisiera, talvez;
de ser posible, escuchar el canto múltiple.
El acantilado y mínimo rumor del mar.
Pero estoy lejos.
Y tú, eterna y apartada;
que ya te escapas penetrante,
vago sopor; el vapor de la avenida.
Y el día glacial en su tarde,
triste y lenta como el día.
Yo pienso, en un segundo, intento;
huyo quizás del justo mediodía;
hacia la tarde y sus deshoras.
Propongo talvez, el común refugio del minuto;
donde nada existe, donde residen silentes las calles;
en la pequeña ciudad descendida.
......
Ya sé, lo entiendo;
que no es nada de ti,
pero atesoro como antes y evoco,
en las pesarosas nubes y aludo a tu nombre...
......
.....
....
...
..
.
Es solo el tiempo,
recibo la insolente soledad, el justiciero mediodía.
Capto, deshojo el árbol éste; del silencio.
Tengo, la serena calma de no ser;
atesoro las ruinas, impasible en imposible diálogo, tu voz.
Y el día glacial en la calle, y todo.
Ya es posible, ya existe indiferente y me mira;
insensata la tarde, se aproxima.
Gesticula, inhabitada y simple;
manotea, en diminutos laberintos de humo.
Acuden, asisten uno a uno y persistentes;
vagabundos, los minutos del éter.
Qué ha de decir si ya, restan las horas;
y la ciudad diminuta y terrestre;
deshabitada y torpe se persigue.
Quisiera, talvez;
de ser posible, escuchar el canto múltiple.
El acantilado y mínimo rumor del mar.
Pero estoy lejos.
Y tú, eterna y apartada;
que ya te escapas penetrante,
vago sopor; el vapor de la avenida.
Y el día glacial en su tarde,
triste y lenta como el día.
Yo pienso, en un segundo, intento;
huyo quizás del justo mediodía;
hacia la tarde y sus deshoras.
Propongo talvez, el común refugio del minuto;
donde nada existe, donde residen silentes las calles;
en la pequeña ciudad descendida.
......
Ya sé, lo entiendo;
que no es nada de ti,
pero atesoro como antes y evoco,
en las pesarosas nubes y aludo a tu nombre...
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