No hay duda,
irrisoria es la jugarreta del destino nos arrulla;
son los hilos destino que con astucia
mueven nuestro sentir como a marionetas.
No hay duda,
la razón y la lógica perturban
pero entre nosotros una distancia absurda
se convierte en seguridad de un sentir.
Nos cubre un mismo cielo,
ese centellar de estrellas que embriaga mi ser
igual a ti extasía e inunda tu mirar de vida
y esa distancia entre nosotros deja de serlo.
La brisa, matutina o vespertina
acaricia nuestros rostros
para ti, fría y penetrante;
para mí, calidad y lisonjera;
para ambos, caricias llenas de vida.
Nuestras horas pasan galopantes
y en ese caudal de sueños
nuestros pensamientos se adornan
con un ¿Qué estarás haciendo,
con un ¿Me gustaría que probaras esto
o que disfrutaras de aquello?
No hay duda.
somos del destino su juego,
¡Estamos tan lejos en cuerpo
pero tan cerca nuestras almas!;
¡Tanto que casi podemos olernos!
Es tan similar nuestra naturaleza
que eso mismo nos arroja en desmedro;
solo queda aceptar que tanto nos queremos
y que nunca podremos ser un solo cuerpo,
pero este sentir es solo eso, nuestro sentimiento
un tesoro de los que solo tú y yo somos dueños.
Por eso compartimos
el cielo y las estrellas,
las caricias de la brisa,
los pensamientos
y la distancia que aunque nos aleja
a este sentir nos entrega
por ello, no hay duda.
Sibelius
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