ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
NO HAY LA LUNA
No hay la luna, ni una estrella
Dos ojos que me miran en lo oscuro
Dos faroles luminarias
altos, superiores
Dos ojos encendidos
que desatan el misterio
súbitamente al apagarse
ciegos e invisibles como todo
Los objetos y las cosas que existían
se han hecho intangibles al deseo
Es entonces que de repente no soy nada
y me comprenden las generales de lo oscuro
o soy mínima parte indefinida de la noche
imposibilitado de reconocer
mis propios límites
ahora perdidos o imprecisos
Consecuente al fin
con la esencia de mi nueva naturaleza revelada
procedo a detenerme
y quieto, inmóvil
honro al silencio que se hizo
y que me envuelve
mientras no espero ni me inquieto
por lo que será de mí cuando amanezca
si es que hay día...
No hay la luna, ni una estrella
Dos ojos que me miran en lo oscuro
Dos faroles luminarias
altos, superiores
Dos ojos encendidos
que desatan el misterio
súbitamente al apagarse
ciegos e invisibles como todo
Los objetos y las cosas que existían
se han hecho intangibles al deseo
Es entonces que de repente no soy nada
y me comprenden las generales de lo oscuro
o soy mínima parte indefinida de la noche
imposibilitado de reconocer
mis propios límites
ahora perdidos o imprecisos
Consecuente al fin
con la esencia de mi nueva naturaleza revelada
procedo a detenerme
y quieto, inmóvil
honro al silencio que se hizo
y que me envuelve
mientras no espero ni me inquieto
por lo que será de mí cuando amanezca
si es que hay día...
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