Guilla Izquierdo Reinoso
Poeta recién llegado
Te lanzaste a la calle, amiga Solidaridad,
con garras de furia de tu caridad.
Tus hermanos vecinos lloraban su necesidad.
Aquellos sepultados sin ninguna piedad
bajo los cimientos de su propia comunidad.
Llegaste conmovida para ayudar.
Sin ver los peligros que podías enfrentar.
Los gritos de los vivos sepultados te llamaban.
Y como gran heroína fuiste la primera que llegaba.
La tierra seguía sacudiendo su espalda,
con la necesidad urgente de acomodar su carga.
Se sacudió con brutalidad alocada
que a más de doscientos mil humanos
bajo los tediosos escombros,
con estruendo infernal, sepultaba.
Aquel día que señalaba el número doce,
después de aquella hermosa medianoche,
en que de alegría se abrazaban las gentes,
con gran algarabía en lugares diferentes.
-Feliz año nuevo 2010 para todos los presentes-
por doquier gritaban alegremente,
sin saber que pronto miseria lloraría con desesperación.
Llorarían los vivos con heridas profundas del corazón.
Una vez más se cumple el dicho sin ton ni son:
Al desnudo todo le llega menos ropa.
Miseria más otra miseria
se fundieron en una canción dolorosa.
En todo el pueblo sólo se escuchaba un grito.
Mamá, desesperada buscaba a su hijito.
-¿Dónde están mis nietos?
-gritaba el abuelito.
¡Haay, mi casa se hizo añicos!
¿Y ahora qué voy hacer yo tan solito?
Un valle de sombra de muerte cubría las calles.
El dolor viviente confundía las mentes.
La soledad ya arropaba a muchas gentes.
Las extremidades de muchos ya no estaban presentes.
El mandatario de todos los haitianos
espantado miraba con los brazos atados.
Su gobierno también había colapsado,
y con él todo el pueblo se había desplomado.
Sus vecinos alarmados, dolidos y preocupados:
-Los hermanos vecinos todos están sepultados.
Corramos rápido para ayudarlos.
Salgamos con lo poco que tenemos en nuestras manos.
El presidente vecino fue el primero apurado:
-Corramos todos a ayudar a los haitianos-
Llegando él primero a aquel pueblo destrozado,
sin mirar las desavenencias del pasado.
-A nuestros hermanos hay que extenderle las manos-
Solidaridad, conmoviste a todos los compueblanos
de este gran mundo globalizado.
En una gran comunidad de reales hermanos,
todas las naciones extendieron sus manos.
Ahora techos nuevos podrán tener los haitianos.
No hay mal que por bien no venga,
siempre decía mi abuela.
Ahora el pueblo haitiano saldrá de la miseria.
Mucha sangre derramada para verse enhorabuena.
Un sismo con furia aquella tierra sacudió.
Un sismo de amor a la humanidad despertó.
Un sismo de solidaridad al pueblo haitiano se trasladó.
Un sismo con furia al mundo unió.
Ahora el amor estará presente en cada ocasión.
El día más oscuro se hace más claro.
El otro día será más humano.
Cuando la tormenta pasa, la nube gris se espanta.
El arcoíris aparece anunciando la calma.
¡Qué Dios levante al pueblo haitiano!
con garras de furia de tu caridad.
Tus hermanos vecinos lloraban su necesidad.
Aquellos sepultados sin ninguna piedad
bajo los cimientos de su propia comunidad.
Llegaste conmovida para ayudar.
Sin ver los peligros que podías enfrentar.
Los gritos de los vivos sepultados te llamaban.
Y como gran heroína fuiste la primera que llegaba.
La tierra seguía sacudiendo su espalda,
con la necesidad urgente de acomodar su carga.
Se sacudió con brutalidad alocada
que a más de doscientos mil humanos
bajo los tediosos escombros,
con estruendo infernal, sepultaba.
Aquel día que señalaba el número doce,
después de aquella hermosa medianoche,
en que de alegría se abrazaban las gentes,
con gran algarabía en lugares diferentes.
-Feliz año nuevo 2010 para todos los presentes-
por doquier gritaban alegremente,
sin saber que pronto miseria lloraría con desesperación.
Llorarían los vivos con heridas profundas del corazón.
Una vez más se cumple el dicho sin ton ni son:
Al desnudo todo le llega menos ropa.
Miseria más otra miseria
se fundieron en una canción dolorosa.
En todo el pueblo sólo se escuchaba un grito.
Mamá, desesperada buscaba a su hijito.
-¿Dónde están mis nietos?
-gritaba el abuelito.
¡Haay, mi casa se hizo añicos!
¿Y ahora qué voy hacer yo tan solito?
Un valle de sombra de muerte cubría las calles.
El dolor viviente confundía las mentes.
La soledad ya arropaba a muchas gentes.
Las extremidades de muchos ya no estaban presentes.
El mandatario de todos los haitianos
espantado miraba con los brazos atados.
Su gobierno también había colapsado,
y con él todo el pueblo se había desplomado.
Sus vecinos alarmados, dolidos y preocupados:
-Los hermanos vecinos todos están sepultados.
Corramos rápido para ayudarlos.
Salgamos con lo poco que tenemos en nuestras manos.
El presidente vecino fue el primero apurado:
-Corramos todos a ayudar a los haitianos-
Llegando él primero a aquel pueblo destrozado,
sin mirar las desavenencias del pasado.
-A nuestros hermanos hay que extenderle las manos-
Solidaridad, conmoviste a todos los compueblanos
de este gran mundo globalizado.
En una gran comunidad de reales hermanos,
todas las naciones extendieron sus manos.
Ahora techos nuevos podrán tener los haitianos.
No hay mal que por bien no venga,
siempre decía mi abuela.
Ahora el pueblo haitiano saldrá de la miseria.
Mucha sangre derramada para verse enhorabuena.
Un sismo con furia aquella tierra sacudió.
Un sismo de amor a la humanidad despertó.
Un sismo de solidaridad al pueblo haitiano se trasladó.
Un sismo con furia al mundo unió.
Ahora el amor estará presente en cada ocasión.
El día más oscuro se hace más claro.
El otro día será más humano.
Cuando la tormenta pasa, la nube gris se espanta.
El arcoíris aparece anunciando la calma.
¡Qué Dios levante al pueblo haitiano!