prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
No hay más misterio que la costumbre
de amar cada día a lo mismo,
tal vez a esa ama de casa
que se desnuda ante tus ojos
y te da la espalda
para vestir los charcos de maquillaje,
mientras la ves de frente en el espejo.
Es como un café doble amargo
para los sentidos,
luego te pega un beso de miel
que se escurre por horas
de tus labios en el bus,
en la silenciosa oficina,
en cuanto te siguen las moscas borrachas
por ese perfume,
y a las moscas las siguen los pájaros
y a los pájaros los perros
y a los perros los ciegos que saben,
saben que alguien está feliz en la calle
y terminas tú por seguirlos
para que veas que te llevan al mismo sitio,
a tu casa, a tu mujer,
ciego de amor por ella.
de amar cada día a lo mismo,
tal vez a esa ama de casa
que se desnuda ante tus ojos
y te da la espalda
para vestir los charcos de maquillaje,
mientras la ves de frente en el espejo.
Es como un café doble amargo
para los sentidos,
luego te pega un beso de miel
que se escurre por horas
de tus labios en el bus,
en la silenciosa oficina,
en cuanto te siguen las moscas borrachas
por ese perfume,
y a las moscas las siguen los pájaros
y a los pájaros los perros
y a los perros los ciegos que saben,
saben que alguien está feliz en la calle
y terminas tú por seguirlos
para que veas que te llevan al mismo sitio,
a tu casa, a tu mujer,
ciego de amor por ella.
Última edición por un moderador:
::. También esta valiosa entrega merece mayor tamaño. Por eso reeditaré. Vos, después, si no estás de acuerdo, decidís cómo querés que quede tu criatura. Gracias.