Arturo Mendez
Poeta recién llegado
No hay noche donde no te recuerde
con mi indefectible tristeza,
Ni hay día en donde me haya olvidado
de tu más dulce sonrisa,
Ya sea con la miel abrasadora del ocaso de primavera
o con la belleza interminable de tu silueta que me eriza,
No hay tarde donde no piense
maravillas en tu boca de cacao,
Ni mañana sin que me levante
persiguiendo tu aroma de princesa,
Ya sea desde la dulcísima vehemencia de mi caricia
hasta la fatídica soledad con la que el alma se resucita
No hay vida, ni hubo, ni habrá,
donde yo te pueda olvidar toda, ¡Princesa!
con mi indefectible tristeza,
Ni hay día en donde me haya olvidado
de tu más dulce sonrisa,
Ya sea con la miel abrasadora del ocaso de primavera
o con la belleza interminable de tu silueta que me eriza,
No hay tarde donde no piense
maravillas en tu boca de cacao,
Ni mañana sin que me levante
persiguiendo tu aroma de princesa,
Ya sea desde la dulcísima vehemencia de mi caricia
hasta la fatídica soledad con la que el alma se resucita
No hay vida, ni hubo, ni habrá,
donde yo te pueda olvidar toda, ¡Princesa!