Danel
Un cubano más
No hay palabras que abarquen el abismo,
ni versos que traduzcan este sismo.
El eco de mi alma, muda y vacía,
se rompe en el borde de la poesía.
No hay rima que embone con mi lamento,
ni métrica que encaje en mi tormento.
Las sílabas tiemblan, los ritmos fallan,
las musas callan y las notas estallan.
¿Cómo escribir el peso del silencio,
la herida que arde en su propio incendio?
¿Cómo decir lo que el pecho encierra
si el aire es un grito que no se aferra?
No hay metáfora en el universo
que pueda abarcar este sentimiento adverso.
Es un lenguaje que no se aprende,
un sollozo eterno que nunca se entiende.
La tinta se agota, la pluma tiembla,
la emoción, desnuda, todo lo desvenda.
Y en esta página blanca me pierdo:
no hay poesía para lo que siento.
ni versos que traduzcan este sismo.
El eco de mi alma, muda y vacía,
se rompe en el borde de la poesía.
No hay rima que embone con mi lamento,
ni métrica que encaje en mi tormento.
Las sílabas tiemblan, los ritmos fallan,
las musas callan y las notas estallan.
¿Cómo escribir el peso del silencio,
la herida que arde en su propio incendio?
¿Cómo decir lo que el pecho encierra
si el aire es un grito que no se aferra?
No hay metáfora en el universo
que pueda abarcar este sentimiento adverso.
Es un lenguaje que no se aprende,
un sollozo eterno que nunca se entiende.
La tinta se agota, la pluma tiembla,
la emoción, desnuda, todo lo desvenda.
Y en esta página blanca me pierdo:
no hay poesía para lo que siento.