Flavio Hugo Ruvalcaba
Poeta adicto al portal
No insistas en hablar
pues corremos el riesgo
de que otra vez nos callen.
Háblame con el palindroma
de nuestras miradas,
que de allá hacia acá
y de mí para ti
escribe un libro.
Háblame con el rubor
saludable
de tus mejillas rojas
cuando digo algo que te sorprende.
Háblame con los silencios
que oran en tus labios
y desde tus dientes
y las manos sueltas,
imprecisas,
tan desamparadas
que provocan el difícil impulso
de darles acomodo.
Háblame cuando callas
y te me quedas viendo,
sin saber qué decir,
cuándo reír,
todavía preocupada, tan preocupada
por hablarme de tú
o no cometer una injusticia.
Háblame con la telefonía
de cuando sólo tienes nada qué decirme,
nada qué preguntarme
y pones el alma en la bocina
para que yo lo entienda,
para que yo lo entienda,
porque es entonces cuando me dices todo.
pues corremos el riesgo
de que otra vez nos callen.
Háblame con el palindroma
de nuestras miradas,
que de allá hacia acá
y de mí para ti
escribe un libro.
Háblame con el rubor
saludable
de tus mejillas rojas
cuando digo algo que te sorprende.
Háblame con los silencios
que oran en tus labios
y desde tus dientes
y las manos sueltas,
imprecisas,
tan desamparadas
que provocan el difícil impulso
de darles acomodo.
Háblame cuando callas
y te me quedas viendo,
sin saber qué decir,
cuándo reír,
todavía preocupada, tan preocupada
por hablarme de tú
o no cometer una injusticia.
Háblame con la telefonía
de cuando sólo tienes nada qué decirme,
nada qué preguntarme
y pones el alma en la bocina
para que yo lo entienda,
para que yo lo entienda,
porque es entonces cuando me dices todo.