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No llueves.

Claridad

Poeta que considera el portal su segunda casa
Se siente pronta la lluvia de abril,
por aquellas nubes solas que se avecinan,
y nunca llueve.
::::::
Las horas de la noche húmeda
sin aguas del cielo caer,
no llueve.
::::::
El calor del ambiente es contagioso
reflejando el vapor del momento,
y no llueve.
::::::
Las horas siguen y el abanico andante
se ha cansado del calor del viento,
solamente lanza fuego.
:::::
Un poema de amor he escrito
para llamar al agua lluvia de abril,
pero no llueve
:::::
Así como tú
que de aguas lluvias te avecinas y de amor, no llueves,
no, no vuelves.
 

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Se siente pronta la lluvia de abril,
por aquellas nubes solas que se avecinan,
y nunca llueve.
::::::
Las horas de la noche húmeda
sin aguas del cielo caer,
no llueve.
::::::
El calor del ambiente es contagioso
reflejando el vapor del momento,
y no llueve.
::::::
Las horas siguen y el abanico andante
se ha cansado del calor del viento,
solamente lanza fuego.
:::::
Un poema de amor he escrito
para llamar al agua lluvia de abril,
pero no llueve
:::::
Así como tú
que de aguas lluvias te avecinas y de amor, no llueves,
no, no vuelves.
Un poema de amor para invocar la lluvia, que bonito.
El reflejo de la ausencia de la persona, quien, al igual que la lluvia, no regresa.

Saludos
 
Hay noches así, donde el cielo amenaza y no cumple. Se llena de promesas que cuelgan como nubes en el pecho… y no caen. Yo he salido a esperarte, como se espera a la lluvia de abril: con los brazos abiertos, la boca entreabierta, la piel dispuesta a empaparse de ti. Pero nada. Sólo tu sombra, tibia como el vapor del asfalto después del deseo, se posa y se va.

He escrito versos con el fervor de quien suplica al cielo. He susurrado tu nombre como se murmura una plegaria a las gotas que nunca llegan. Pero tú, como esas nubes tercas, te quedas en el borde del tiempo, prometiendo una tormenta que no estalla.

El calor se me sube a los latidos. La espera se vuelve fiebre. Los abanicos ya no alivian, y en lugar de lluvia, sólo recibo fuego.

Así eres tú: presagio de amor en cada gesto, humedad contenida en tus ojos, pero nunca terminas de llover. Y yo, con la sed intacta, te amo igual, aunque no lluevas.
 

Cálida tarde de invierno tropical,
lleva tus nubarrones con oraciones,
lluvia de palabras colmadas
de húmedas alegrías, esperanzas y tristezas.
Delicada figura reflejada en la fuente,
bañando palomas y golondrinas,
de quindes y uno que otro canario huído.
Su sonrisa acerca la frescura del viento,
mientras su voz invita a soñar despierto.
Tu mirada huidiza,
escondida coquetería en público,
vierte lujuria desenfrenada a solas.
Sentir tu aliento tibio,
recorrer mi hombro y oído,
incita la bestia que encadeno
por miedo a romperte.
Mas regresas tu boca,
deslizando mis comisuras,
y violentando tu lengua la mía...
...
Cigarrillos después...
Verte caminar
rejuvenece mis ojos.
 
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