Yo no comprendo el por qué, tras de morir, nos pudramos,
Ser manjar de los gusanos y enterrado bajo tierra,
Sin ser semilla tan buena, porque nunca retoñamos.
Ni vuelven los que se han ido, aunque sean extrañados.
Se lo pregunté a un siquiatra, y me dijo; tú estás loco,
Yo te voy a medicar sino tendré que internarte;
Yo le dije, no te esmandes que te voy a dar un puño,
Que va a salir tu cabeza como cohete hacia Marte
Entonces llamó a un colega, de una oficina anterior,
Se presentó ser doctor, experto en psicología;
Y el pendejo se creía, que la iba a pasar mejor,
Y salió más loco que yo, y ahora está en psiquiatría.
Yo andaba con mi mujer, que siempre me ha acompañado,
A las citas que doctores han atendido mi caso;
Me dijo; no vuelvo más, si quieres te vas tú solo,
Y se creía que eso, me iba a causar enojo.
Entonces llegó el día de la cita que tenía,
Y me levanté temprano para lograr un buen turno;
Ese día no llegaron, ninguno de los doctores,
Pero allí una enfermera, me bajó los pantalones.
Yo le dije, ¿Qué tú haces? Me contestó ¡Tate quieto!
Y yo sentí su esqueleto, bajo el mío, si señores;
Que bueno que mi mujer, no fue conmigo ese día,
Y sicólogo y siquiatra, que recojan la oficina.
Ser manjar de los gusanos y enterrado bajo tierra,
Sin ser semilla tan buena, porque nunca retoñamos.
Ni vuelven los que se han ido, aunque sean extrañados.
Se lo pregunté a un siquiatra, y me dijo; tú estás loco,
Yo te voy a medicar sino tendré que internarte;
Yo le dije, no te esmandes que te voy a dar un puño,
Que va a salir tu cabeza como cohete hacia Marte
Entonces llamó a un colega, de una oficina anterior,
Se presentó ser doctor, experto en psicología;
Y el pendejo se creía, que la iba a pasar mejor,
Y salió más loco que yo, y ahora está en psiquiatría.
Yo andaba con mi mujer, que siempre me ha acompañado,
A las citas que doctores han atendido mi caso;
Me dijo; no vuelvo más, si quieres te vas tú solo,
Y se creía que eso, me iba a causar enojo.
Entonces llegó el día de la cita que tenía,
Y me levanté temprano para lograr un buen turno;
Ese día no llegaron, ninguno de los doctores,
Pero allí una enfermera, me bajó los pantalones.
Yo le dije, ¿Qué tú haces? Me contestó ¡Tate quieto!
Y yo sentí su esqueleto, bajo el mío, si señores;
Que bueno que mi mujer, no fue conmigo ese día,
Y sicólogo y siquiatra, que recojan la oficina.