Lucyfero
Poeta recién llegado
Busco ahora un débil aliento,
En aquello que siempre dicen,
Que tengo un bello talento,
Que articulo rimas
así como el que cuenta cuentos.
Pero no soy capaz siquiera,
De cundir el tiempo,
Que tras varias horas en vela,
Busco con desasosiego,
Al genio que siempre viene,
A salvarme de la condena,
Con unas hermosas rimas
y un bonito poema.
Pero ahora no, mi vida,
Ese genio me supera,
Y te ve a ti agredida,
Con la cabeza abierta
y el corazón sin vida,
Y como feminista abandera,
La causa contra este tonto,
Que a su amor dejó abatida,
En una noche en que dijo
que lo suyo era abandono,
Cuando sólo quería pedir,
Un poco de amor a este loco.
Sin ese genio o no,
Sin talento o sin nada,
Busca este tonto el perdón,
De su dulce y bonita dama,
Herida en el corazón,
Como con pistola y bala,
Que muestra una gran confusión,
Más allá de sus entrañas.
Y tras una noche sin dormir,
Revoloteando entre sábanas,
Esa bella, suave y dócil
mujercita enamorada,
Debe mirar hacia dentro,
Más allá de sus entrañas,
Y ver si aún queda amor
para este inútil de marras.
Y aquí estoy, sin ni siquiera vida,
Esperando haber si aparecen,
El talento o mi reina perdida,
Esa que se ha disipado,
Entre sábanas de su cama podrida,
Que está nadando entre lágrimas
y miradas alicaídas,
De un ángel que en ella llora,
Como si no tuviese vida.
Maldita habrá sido esta noche,
Que te ha dejado abstraída,
Pensando en que ya quizás
amor en mi corazón no habría,
Meditando acaso un plan,
Y recuperarte de mi huída,
Repasando en tus adentros
el por qué de este mal día,
Y este tonto desencuentro.
No puedo dejar de escribir,
Aún sin ningún talento arriba,
Y no hay letras que hagan cundir,
El perdón de mi mano abrasiva,
La clemencia que me hace pedir
pierna abajo y arrodilla,
Aquello que me hace decir,
Como un tonto que espabila,
Que sin ti todo es morir,
Que sin tu perdón no hay vida.
Te quiero.
Te quiero para el resto de mis días.
Y lo siento.
En aquello que siempre dicen,
Que tengo un bello talento,
Que articulo rimas
así como el que cuenta cuentos.
Pero no soy capaz siquiera,
De cundir el tiempo,
Que tras varias horas en vela,
Busco con desasosiego,
Al genio que siempre viene,
A salvarme de la condena,
Con unas hermosas rimas
y un bonito poema.
Pero ahora no, mi vida,
Ese genio me supera,
Y te ve a ti agredida,
Con la cabeza abierta
y el corazón sin vida,
Y como feminista abandera,
La causa contra este tonto,
Que a su amor dejó abatida,
En una noche en que dijo
que lo suyo era abandono,
Cuando sólo quería pedir,
Un poco de amor a este loco.
Sin ese genio o no,
Sin talento o sin nada,
Busca este tonto el perdón,
De su dulce y bonita dama,
Herida en el corazón,
Como con pistola y bala,
Que muestra una gran confusión,
Más allá de sus entrañas.
Y tras una noche sin dormir,
Revoloteando entre sábanas,
Esa bella, suave y dócil
mujercita enamorada,
Debe mirar hacia dentro,
Más allá de sus entrañas,
Y ver si aún queda amor
para este inútil de marras.
Y aquí estoy, sin ni siquiera vida,
Esperando haber si aparecen,
El talento o mi reina perdida,
Esa que se ha disipado,
Entre sábanas de su cama podrida,
Que está nadando entre lágrimas
y miradas alicaídas,
De un ángel que en ella llora,
Como si no tuviese vida.
Maldita habrá sido esta noche,
Que te ha dejado abstraída,
Pensando en que ya quizás
amor en mi corazón no habría,
Meditando acaso un plan,
Y recuperarte de mi huída,
Repasando en tus adentros
el por qué de este mal día,
Y este tonto desencuentro.
No puedo dejar de escribir,
Aún sin ningún talento arriba,
Y no hay letras que hagan cundir,
El perdón de mi mano abrasiva,
La clemencia que me hace pedir
pierna abajo y arrodilla,
Aquello que me hace decir,
Como un tonto que espabila,
Que sin ti todo es morir,
Que sin tu perdón no hay vida.
Te quiero.
Te quiero para el resto de mis días.
Y lo siento.