Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
No me nombres
Que tú celo al esperarme
está deforme
Y consciente de la necesidad de olvidarte,
yo te pido: no me nombres
Que si me nombraras
Habría de ignorar las astas cuneiformes,
de indolencia y frialdad
que me clavaste, a punta de mil voces,
en el silencio sepulcral
de aquella noche
que me dejaste marchar
-entre reproches-
tras la estúpida verdad
del inconforme
No me nombres
Que podría volver a ti
Y si es así, yo muero...
Porque este amor,
que debió sucumbir en fugaz deseo
no tiene orgullo
Y me dejaría oír a escondidas los "te quiero"
que pululan en el silencio cual murmullos
Yo te imploro: no me nombres
Que mi nombre entre tus labios
se hace enorme,
e imposible sería ignorarte
Por favor, no me nombres
Que ya he llorado una a una tus mentiras.
Que ya he purgado en piel,
todas las caricaturas
en que me dibujaste mujer
Para dejarme en la tortura
de quedarme en el ayer
No me nombres, y mucho menos con ternura
Que el tiempo no dio después,
ni oportunidad alguna
cuando desesperada por tus besos,
tiraba piedras a la luna
No, no me nombres que aún estando lejos
el eco de tu voz: perfora
Derrota
Anida y me llevaría a ser pedigüeña de tus horas
Y moriría al sospechar que me abandonas,
cada vez que algún cincel talle tu prosa
Por eso no me nombres ¡nunca! Y mucho menos ahora,
que ya tengo un alma fiel, que mariposa
revolotea entre sien y sien, sin despliegue de demora,
con la ansiedad de hacerme sentir mujer y me enamora
Que tú celo al esperarme
está deforme
Y consciente de la necesidad de olvidarte,
yo te pido: no me nombres
Que si me nombraras
Habría de ignorar las astas cuneiformes,
de indolencia y frialdad
que me clavaste, a punta de mil voces,
en el silencio sepulcral
de aquella noche
que me dejaste marchar
-entre reproches-
tras la estúpida verdad
del inconforme
No me nombres
Que podría volver a ti
Y si es así, yo muero...
Porque este amor,
que debió sucumbir en fugaz deseo
no tiene orgullo
Y me dejaría oír a escondidas los "te quiero"
que pululan en el silencio cual murmullos
Yo te imploro: no me nombres
Que mi nombre entre tus labios
se hace enorme,
e imposible sería ignorarte
Por favor, no me nombres
Que ya he llorado una a una tus mentiras.
Que ya he purgado en piel,
todas las caricaturas
en que me dibujaste mujer
Para dejarme en la tortura
de quedarme en el ayer
No me nombres, y mucho menos con ternura
Que el tiempo no dio después,
ni oportunidad alguna
cuando desesperada por tus besos,
tiraba piedras a la luna
No, no me nombres que aún estando lejos
el eco de tu voz: perfora
Derrota
Anida y me llevaría a ser pedigüeña de tus horas
Y moriría al sospechar que me abandonas,
cada vez que algún cincel talle tu prosa
Por eso no me nombres ¡nunca! Y mucho menos ahora,
que ya tengo un alma fiel, que mariposa
revolotea entre sien y sien, sin despliegue de demora,
con la ansiedad de hacerme sentir mujer y me enamora
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