Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Querido diario,
nuevamente me cobijo entre tus hojas
para dejar plasmados en tus lineas
mis recuerdos,
mis amores,
mis tristezas y añoranzas,
mi pensar.
Te contaría en este día
que recibí la noticia
de nuestro ayer reconstruido.
La casa de mi infancia,
ha sido restaurada.
Ya no es más el hogar
de siete hermanos,
ya no es más la vida
de familia y de caballos,
no, no es más.
Los árboles de mango
y de mamón
se han ido.
Ahora hay pinos y palmeras comerciales.
Un restaurante muy fino queda,
y un pasado
que en esa casona ha llorado.
Allí abrí por primera vez los ojos,
y allí me criaron
con las viejas costumbres aquellas.
Allí,
a mis trece,
fui llevada al abuso.
Y allí a los catorce
supe lo que se siente ser
huérfana de madre.
Donde quedaba el cuarto bajo,
sitio `predilecto por mi padre
para dejarme encerrada,
hay una sala de esparcimiento
donde la gente ríe.
¡Qué distinto es este sitio de antes lágrimas,
por risas que ignoran lo que allí sucedió!
La casa ha sido abierta ahora al publico,
y yo fui la primera en ser invitada,
a lo que antes era mi hogar,
lo que me quitaron por derecho.
¡Es irónica esta vida!
Volví.
Mi habitación,
que quedaba en el segundo piso
al subir las escaleras,
es ahora una de las habitaciones de huéspedes,
en la que dormí una vez más,
ya no como hija del dueño,
sólo un huésped, nada más.
Sí, mi querido diario,
¡Cuánto han cambiado las cosas!
Ya no tengo casa,
pues vivo en un cuarto de alquiler.
Pero no me olvido de mi casa,
porque allí también me amaron
y allí también
amé.
nuevamente me cobijo entre tus hojas
para dejar plasmados en tus lineas
mis recuerdos,
mis amores,
mis tristezas y añoranzas,
mi pensar.
Te contaría en este día
que recibí la noticia
de nuestro ayer reconstruido.
La casa de mi infancia,
ha sido restaurada.
Ya no es más el hogar
de siete hermanos,
ya no es más la vida
de familia y de caballos,
no, no es más.
Los árboles de mango
y de mamón
se han ido.
Ahora hay pinos y palmeras comerciales.
Un restaurante muy fino queda,
y un pasado
que en esa casona ha llorado.
Allí abrí por primera vez los ojos,
y allí me criaron
con las viejas costumbres aquellas.
Allí,
a mis trece,
fui llevada al abuso.
Y allí a los catorce
supe lo que se siente ser
huérfana de madre.
Donde quedaba el cuarto bajo,
sitio `predilecto por mi padre
para dejarme encerrada,
hay una sala de esparcimiento
donde la gente ríe.
¡Qué distinto es este sitio de antes lágrimas,
por risas que ignoran lo que allí sucedió!
La casa ha sido abierta ahora al publico,
y yo fui la primera en ser invitada,
a lo que antes era mi hogar,
lo que me quitaron por derecho.
¡Es irónica esta vida!
Volví.
Mi habitación,
que quedaba en el segundo piso
al subir las escaleras,
es ahora una de las habitaciones de huéspedes,
en la que dormí una vez más,
ya no como hija del dueño,
sólo un huésped, nada más.
Sí, mi querido diario,
¡Cuánto han cambiado las cosas!
Ya no tengo casa,
pues vivo en un cuarto de alquiler.
Pero no me olvido de mi casa,
porque allí también me amaron
y allí también
amé.