Andrea Ira
Poeta asiduo al portal
"Váyanse. Si pueden irse, váyanse." alguien nos dijo.
Irse y dejar atrás la plaza mayor desbordada
por un pueblo desbordado, abrumado, frustrado.
Se escucha la hipocresía escupiendo por el micrófono.
Los votos ya fueron contados. El aire se mezcla con el gas pimienta que pica los ojos,
las piedras tumban y rasgan;
el agua corta y golpea;
son viejos y jóvenes peleando entre todos, pero a la vez solos.
Porque los recortes se producen sobre el que menos tiene.
Cuantas veces se puede girar la cabeza y pretender que no se ve.
La vista de la ventana es un paisaje de odio,
y parece que a todos se les ocurre una sola solución.
Como cuando no pueden resolver un problema
que ellos mismos provocaron.
No me quiero ir. He visto lo mejor de mi país.
Aunque cause todo el dolor del mundo. Me quiero quedar aquí.
Con la violencia fragmentando mis ojos, llenándome de lágrimas.
Se suponía que sería un día feliz, pero lo que le sucede a mi pueblo,
también me sucede a mí.
Y alrededor veo como se desmorona todo.
Escucho los gritos, los bombos, las cacerolas.
Veo infiltrados tirando piedras a la policía,
preparando la escena para la prensa.
Veo violencia en el Congreso, cinismo y moralismo entre diputados
que no lleva a ningún lado.
No me quiero ir. La vida es igual de frustrante y desigual en cualquier otro lado,
con formas y representantes distintos, los oprimidos siguen siendo los mismos.
Pero aunque así no fuera, no me quiero ir.
Quien tiene que irse de su patria no es feliz.
No encuentro calma yéndome, porque no puedo dejar de admirar a aquellos
que están presentes reclamando sus derechos.
Yo también reclamo. Porque no me basta con rendirme, yéndome.
Irse no resuelve nada sólo es darle la espalda a un amigo
tan deprimido como yo, al que podía darle mi mano.
Con la voz tomada, apunto de llorar, les grité:
"¡No me quiero ir!"
A.Ira
Irse y dejar atrás la plaza mayor desbordada
por un pueblo desbordado, abrumado, frustrado.
Se escucha la hipocresía escupiendo por el micrófono.
Los votos ya fueron contados. El aire se mezcla con el gas pimienta que pica los ojos,
las piedras tumban y rasgan;
el agua corta y golpea;
son viejos y jóvenes peleando entre todos, pero a la vez solos.
Porque los recortes se producen sobre el que menos tiene.
Cuantas veces se puede girar la cabeza y pretender que no se ve.
La vista de la ventana es un paisaje de odio,
y parece que a todos se les ocurre una sola solución.
Como cuando no pueden resolver un problema
que ellos mismos provocaron.
No me quiero ir. He visto lo mejor de mi país.
Aunque cause todo el dolor del mundo. Me quiero quedar aquí.
Con la violencia fragmentando mis ojos, llenándome de lágrimas.
Se suponía que sería un día feliz, pero lo que le sucede a mi pueblo,
también me sucede a mí.
Y alrededor veo como se desmorona todo.
Escucho los gritos, los bombos, las cacerolas.
Veo infiltrados tirando piedras a la policía,
preparando la escena para la prensa.
Veo violencia en el Congreso, cinismo y moralismo entre diputados
que no lleva a ningún lado.
No me quiero ir. La vida es igual de frustrante y desigual en cualquier otro lado,
con formas y representantes distintos, los oprimidos siguen siendo los mismos.
Pero aunque así no fuera, no me quiero ir.
Quien tiene que irse de su patria no es feliz.
No encuentro calma yéndome, porque no puedo dejar de admirar a aquellos
que están presentes reclamando sus derechos.
Yo también reclamo. Porque no me basta con rendirme, yéndome.
Irse no resuelve nada sólo es darle la espalda a un amigo
tan deprimido como yo, al que podía darle mi mano.
Con la voz tomada, apunto de llorar, les grité:
"¡No me quiero ir!"
A.Ira