El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
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A veces,
noto que alguien apoya su cabeza en mi hombro,
cierra los ojos, sonríe, y abraza fuerte los costados
de este cuerpo al que llamo casa,
que se sitúa frente a ti abriéndose la piel,
dejando las puertas abiertas y la chimenea encendida.
Sólo falta que termine de tejer tu cartel de bienvenida.
No te rindas, sujétate en mí,
echa raíces.
He pensado mucho en las consecuencias,
en los riesgos que conlleva pintar la pared de algo nuevo,
como quien se cambia de trabajo o de color de pelo,
sin embargo aquí estoy yo, dispuesto,
yo
tengo hambre de ti.
Comprendo la situación arriesgada
y puede que a veces crea comprender el miedo,
pero te necesito distinta,
sabiendo que puedo arrancarte una sonrisa
y que con la misma facilidad
tú me robarías un beso.
No me quiero rendir porque sé que tú no lo has hecho.
A veces,
noto que alguien apoya su cabeza en mi hombro,
cierra los ojos, sonríe, y abraza fuerte los costados
de este cuerpo al que llamo casa,
que se sitúa frente a ti abriéndose la piel,
dejando las puertas abiertas y la chimenea encendida.
Sólo falta que termine de tejer tu cartel de bienvenida.
No te rindas, sujétate en mí,
echa raíces.
He pensado mucho en las consecuencias,
en los riesgos que conlleva pintar la pared de algo nuevo,
como quien se cambia de trabajo o de color de pelo,
sin embargo aquí estoy yo, dispuesto,
yo
tengo hambre de ti.
Comprendo la situación arriesgada
y puede que a veces crea comprender el miedo,
pero te necesito distinta,
sabiendo que puedo arrancarte una sonrisa
y que con la misma facilidad
tú me robarías un beso.
No me quiero rendir porque sé que tú no lo has hecho.