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Mi admiración siempre es atenta ante cualquier manifestación sea de quien sea. Lo cual quiere decir que cada uno puede buscar con plena libertad su ideal de belleza, empleando en ello el manierismo -palabra rica, pero que uso poco- que estime o le alcance y que por mi parte será contemplada con el mayor de los afectos, salvo concepciones que fuesen despreciativas con la vitalidad artística más sencilla.
Haces un magnífico resumen de momentos álgidos en la literatura y nunca mejor buscados para darse cuenta que cada paso suponía para unos el abandono de las normas inquebrantables y definitivas y para otros el futuro fulgente de la lengua. Pues no otra cosa narra la historia que, ante la novedad, contempla cómo se miden las fuerzas desde su misma inercia resistente hasta aquellas poniendo en marcha el motor para determinar nuevas relaciones.
Sí, yo podría decir, verbigracia, que Góngora me espanta, que el mismo Juan Ramón me resulta pesado y redundante, que Neruda para decir te quiero, escribe un poemario,
, pero mentiría. En esta dialéctica de contrarios me cabe decir que claro que quedan formas y acentos inexplorados en Juan Ramón en su esfuerzo por depurar la palabra, que Neruda es una extraordinaria explosión de magia, música y palabras, que Rubén es un primor cuya lectura debiera ser obligatoria, que
Así, entre polos opuestos se van tejiendo sensibilidades, unas y otras, todas dignas, excepto las excluyentes.
No, no me gusta la ramplonería cuya expresión supone fuego fatuo, simplemente, sin otro alcance. ¿Ejemplos? Diría que, ahora, basta abrir el gran portal de Internet y sobran,..., aunque justo es reconocer que en muchas ocasiones estos ensayos -hablo de mí mismo- son el mejor pronóstico frente a lo desconocido, propiciando el progreso ante la incertidumbre, el nacimiento de nuevas o diferentes expresiones...
En fin, no teniendo un criterio claro, tampoco sé muy bien cómo marco mi compás, pero desde luego sin haber leído los versos de Juan, ni los tuyos -y todavía sigo sin hacerlo- la casualidad quiso poner el soneto a vuestro lado. Si este fue algo, fue un simple alegato contra el mensaje de la medianía -hoy en España, una plaga que además lo niega-, que en ello pensaba mientras lo escribía. Mi rigor (y/o exigencia) es el que me impongo a mí mismo y por ello es bien plausible la llamada de atención si falseo ese umbral, arrogándome, imprudente, modos, formas y purezas. Y en ese espíritu rotundo radica, creo, la circunstancia que me expresa, aunque conociendo al que sostiene estas líneas, también me contradice. Sean dudas o no, siempre procuro releerlas y así aprendo.
Más que una respuesta me ha salido un refrito inconcluso de vaguedades que, a ciencia cierta, ignoro si tiene relación con la búsqueda de la belleza y la levedad de la palabra. Me define con mediana claridad y, estando escrito, no me volveré atrás. Me ha llevado su buen rato coger el hilo; quede, pues, aunque sea un simplón relato con mi afecto. Un abrazo. eduardocarpio