maxmaniaco
Poeta asiduo al portal
Ante todo aclaro que no creo que sea muy melancólico que digamos el poema... ustedes sabran juzgar... pero este poema es "la secuela"... hablando en terminos filmicos, de El hombre Prohibido, un poema que ya subí en esta seccion de poemas Melancolicos. abrazos y gracias a todos por andarse por aquí
¿NO NOS ENTIENDEN?
Te digo amor,
que no nos entienden,
pero sólo, porque les es más fácil.
¿Para qué entender?
Cuando es más fácil: amordazar nuestros sueños,
censurar las fantasías,
adormilar nuestros cerebros,
analfabetizar nuestra locura,
cercenar la democracia,
asesinar nuestros espíritus,
marketinizar los ideales.
No nos entienden,
o tal vez sí pero les da miedo,
sí, amor, les da miedo,
les da miedo la libertad,
miedo a que queramos alcanzar la luna con un suspiro,
a que seamos felices con el único cobijo de la palabra,
a que los versos nos llenen más que las hamburguesas.
No nos entienden,
simplemente porque han enmohecido sus corazones,
porque verdes están sus mentes
pero no por la juventud de sus hojas
sino por la multitud de esos hongos
que habitan en sus pensamientos malolientes.
Nos llaman enfermos
¿enfermos nosotros? ¡Enfermos ellos!
que no permiten a sus corazones sentir,
a sus carnes arder y a sus morbos crecer.
¡Enfermos ellos! Que son normales,
qué hay de normal en la normalidad,
si lo más normal es que seamos anormales,
ellos usan la norma para atarnos a estándares decrépitos,
usan la palabra normal para designar a lo común,
y lo común para llamar a lo corriente,
y lo corriente para clasificar a lo ordinario,
y qué hay de bueno en lo ordinario:
si ordinario es que nos describan con agravios,
si corriente es el que te apuñala por la espalda,
si normal es que te discrimen por tus ideas.
Lo que sigue es la verdad absoluta:
Si los normales dominan al mundo,
Dios quiere que seamos anormales,
si los cuerdos gobiernan los países,
Dios exige que seamos unos desquiciados.
Invoco a la revolución,
amémonos cómo nunca nos hemos amado,
cuidémonos cómo nunca nos hemos cuidado,
disfrutémonos cómo nunca nos hemos disfrutado.
Desvelemos la verdad de la pluma que dormita en el olvido,
oigamos, más atentamente, los pasos de la sabia lombriz,
corramos, inconscientes, con las manos atadas a las caricias,
despejemos toda duda de la memoria de los libros.
No permitas que el tiempo vuele con alas partidas de mercurio,
salpiquémonos con la llanura paciente de la saliva
y no permitamos que nuestras vidas pasen porque sí,
cada minúsculo ser tiene un fin,
ése, metodológicamente estudiado por los caprichos.
Hay muchos que nacieron para atrofiarse en el sendero
y otros tantos, que lo hicieron para entender,
que aquel camino enredado de la vida,
nació para transitarse torcidamente perfecto.
Te digo amor,
que no nos entienden,
pero sólo, porque les es más fácil.
¿Para qué entender?
Cuando es más fácil: amordazar nuestros sueños,
censurar las fantasías,
adormilar nuestros cerebros,
analfabetizar nuestra locura,
cercenar la democracia,
asesinar nuestros espíritus,
marketinizar los ideales.
No nos entienden,
o tal vez sí pero les da miedo,
sí, amor, les da miedo,
les da miedo la libertad,
miedo a que queramos alcanzar la luna con un suspiro,
a que seamos felices con el único cobijo de la palabra,
a que los versos nos llenen más que las hamburguesas.
No nos entienden,
simplemente porque han enmohecido sus corazones,
porque verdes están sus mentes
pero no por la juventud de sus hojas
sino por la multitud de esos hongos
que habitan en sus pensamientos malolientes.
Nos llaman enfermos
¿enfermos nosotros? ¡Enfermos ellos!
que no permiten a sus corazones sentir,
a sus carnes arder y a sus morbos crecer.
¡Enfermos ellos! Que son normales,
qué hay de normal en la normalidad,
si lo más normal es que seamos anormales,
ellos usan la norma para atarnos a estándares decrépitos,
usan la palabra normal para designar a lo común,
y lo común para llamar a lo corriente,
y lo corriente para clasificar a lo ordinario,
y qué hay de bueno en lo ordinario:
si ordinario es que nos describan con agravios,
si corriente es el que te apuñala por la espalda,
si normal es que te discrimen por tus ideas.
Lo que sigue es la verdad absoluta:
Si los normales dominan al mundo,
Dios quiere que seamos anormales,
si los cuerdos gobiernan los países,
Dios exige que seamos unos desquiciados.
Invoco a la revolución,
amémonos cómo nunca nos hemos amado,
cuidémonos cómo nunca nos hemos cuidado,
disfrutémonos cómo nunca nos hemos disfrutado.
Desvelemos la verdad de la pluma que dormita en el olvido,
oigamos, más atentamente, los pasos de la sabia lombriz,
corramos, inconscientes, con las manos atadas a las caricias,
despejemos toda duda de la memoria de los libros.
No permitas que el tiempo vuele con alas partidas de mercurio,
salpiquémonos con la llanura paciente de la saliva
y no permitamos que nuestras vidas pasen porque sí,
cada minúsculo ser tiene un fin,
ése, metodológicamente estudiado por los caprichos.
Hay muchos que nacieron para atrofiarse en el sendero
y otros tantos, que lo hicieron para entender,
que aquel camino enredado de la vida,
nació para transitarse torcidamente perfecto.