Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
Mujer, cuando tú mueves tus manos,
El universo, expectante, se detiene.
Y yo, incomprensiblemente alertado
De su asombro,
Me pongo en movimiento
Hechizado por la magnánima dulzura
De tu esencia liberada.
Fue, en un sueño preñado
De realidades incomprensibles,
Donde hacendosos querubines
De claras y rizadas intenciones,
Plácidos y juguetones
-como reflejos de Luna-
Alumbraron para mí, el secreto
Más trascendental:
No pretendas lo posible;
Simplemente, acéptalo.
En cuanto a lo imposible
-me dijeron-
Abandónate a tu suerte cuando lo vislumbres
Mírala y entiende: La llave,
Junto con la mansión a cual da acceso,
Ambos,
La pertenecerán eternamente.
Búscalos en las oscuras aguas
De la laguna de sus ojos.
El secreto, y tu dilema;
-Me dijeron ávidos y picaros-
Estriba en reconocerlos. Recuerda
-recalcaron con una seria sonrisa de hada-
Ella; hechizó ya a el mismo Hechizo
Y lo hizo con su mirada.
El universo, expectante, se detiene.
Y yo, incomprensiblemente alertado
De su asombro,
Me pongo en movimiento
Hechizado por la magnánima dulzura
De tu esencia liberada.
Fue, en un sueño preñado
De realidades incomprensibles,
Donde hacendosos querubines
De claras y rizadas intenciones,
Plácidos y juguetones
-como reflejos de Luna-
Alumbraron para mí, el secreto
Más trascendental:
No pretendas lo posible;
Simplemente, acéptalo.
En cuanto a lo imposible
-me dijeron-
Abandónate a tu suerte cuando lo vislumbres
Mírala y entiende: La llave,
Junto con la mansión a cual da acceso,
Ambos,
La pertenecerán eternamente.
Búscalos en las oscuras aguas
De la laguna de sus ojos.
El secreto, y tu dilema;
-Me dijeron ávidos y picaros-
Estriba en reconocerlos. Recuerda
-recalcaron con una seria sonrisa de hada-
Ella; hechizó ya a el mismo Hechizo
Y lo hizo con su mirada.