Juan Felipe Casas Builes
Poeta recién llegado
Como decir te extraño,
si mis labios mueren al solo pensar tu ausencia,
ausencia, tal vez deberías llamarte así,
como esa mirada tierna que tanto enamora;
te extraño como él te quiero de mi alma que ahora se quedo sin morada,
como la vida al vivir y la muerte a la vida,
como los oídos las palabras, como las palabras al escucha y el escucha al entendimiento.
Tal te extraño como la luna extrañaría su roció, de tenue aroma gris y frío, pero esencial para la noche;
como la belleza extrañaría el eclipse rosa del amor, el amanecer de la vida o el atardecer de suspiros creados de la pasión de los enamorados;
enamorados son los que sueñan,
sueños, tus manos con las mías estrechando la locura y el deseo;
sueños, mi boca rasgando mi cara ya desierta, donde antes se encaminaban risas que eran perdidas por tus labios y encontradas por los míos;
sueños tus ceños coquetos e intimidantes, pero precisos;
sueños la penubra de amor y ese cariño infinito que sobre mí diluías.
“Te extraño” como decirlo, si tu presencia posa en mis pupilas cada que cierro mis ojos y en un instante llueve en mis parpados con el ademán de mi lengua;
como decirlo, si me falta el aire para cruzar el valle entre mi sentir y las palabras,
como decirlo, si mis oídos tratan de ahuyentarlo igual que el grito de un infante, frente al lobo para no aceptar su muerte.
Se me ha vuelto no pronunciable porque al solo pensarlo, al imaginarlo e incluso al evitarlo, siento que ya, te extraño.
si mis labios mueren al solo pensar tu ausencia,
ausencia, tal vez deberías llamarte así,
como esa mirada tierna que tanto enamora;
te extraño como él te quiero de mi alma que ahora se quedo sin morada,
como la vida al vivir y la muerte a la vida,
como los oídos las palabras, como las palabras al escucha y el escucha al entendimiento.
Tal te extraño como la luna extrañaría su roció, de tenue aroma gris y frío, pero esencial para la noche;
como la belleza extrañaría el eclipse rosa del amor, el amanecer de la vida o el atardecer de suspiros creados de la pasión de los enamorados;
enamorados son los que sueñan,
sueños, tus manos con las mías estrechando la locura y el deseo;
sueños, mi boca rasgando mi cara ya desierta, donde antes se encaminaban risas que eran perdidas por tus labios y encontradas por los míos;
sueños tus ceños coquetos e intimidantes, pero precisos;
sueños la penubra de amor y ese cariño infinito que sobre mí diluías.
“Te extraño” como decirlo, si tu presencia posa en mis pupilas cada que cierro mis ojos y en un instante llueve en mis parpados con el ademán de mi lengua;
como decirlo, si me falta el aire para cruzar el valle entre mi sentir y las palabras,
como decirlo, si mis oídos tratan de ahuyentarlo igual que el grito de un infante, frente al lobo para no aceptar su muerte.
Se me ha vuelto no pronunciable porque al solo pensarlo, al imaginarlo e incluso al evitarlo, siento que ya, te extraño.
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