Luego de pimplarse el costoso vino
el de fiestas de guardar y domingos,
recibió el consecuente castigo
encerrado en su cuarto, sin ropa
ni calzoncillos.
No era problema para Manolito
hasta prevenido era el cubanito
escondidas cuatro galletas, agua,
una materva, y hasta masas
de puerco frito.
Asumiendo su ilógico castigo
el tiempo tenia que aprovechar,
¿Qué mejor manera que ponerse a jugar?,
unas sabanas echó sobre su cuerpo,
la misa iba a celebrar.
Abrió el gran ventanal, galleta por pan,
una lata de leche condesada
historietas por misal,
In nomine Patris et Fili et
Spiritus Sancti, todos O rezar.
Al buen lector hay que hacer recordar
que en esta época preconciliar
los curas en el rito la espalda,
estaban obligados a dar,
y el niño esto bien sabia imitar.
Es cuando luego del saludo inicial
con todo el movimiento protocolar
la vuelta tuvo que dar, sin percatarse
que solo hasta su cintura las sabanas
alcanzaron a dar.
Quedando su trasero al descubierto
con vistas al gran boulevard
tanto ruido, risas y algarabías
no eran el canto habitual,
ya eso era una misa vulgar.
No se recuerda una ceremonia igual,
el cura mostrando sus posaderas
no puede bendecir ni consagrar,
y lo cierto es que Manolito,
tardó en volver a celebrar.
el de fiestas de guardar y domingos,
recibió el consecuente castigo
encerrado en su cuarto, sin ropa
ni calzoncillos.
No era problema para Manolito
hasta prevenido era el cubanito
escondidas cuatro galletas, agua,
una materva, y hasta masas
de puerco frito.
Asumiendo su ilógico castigo
el tiempo tenia que aprovechar,
¿Qué mejor manera que ponerse a jugar?,
unas sabanas echó sobre su cuerpo,
la misa iba a celebrar.
Abrió el gran ventanal, galleta por pan,
una lata de leche condesada
historietas por misal,
In nomine Patris et Fili et
Spiritus Sancti, todos O rezar.
Al buen lector hay que hacer recordar
que en esta época preconciliar
los curas en el rito la espalda,
estaban obligados a dar,
y el niño esto bien sabia imitar.
Es cuando luego del saludo inicial
con todo el movimiento protocolar
la vuelta tuvo que dar, sin percatarse
que solo hasta su cintura las sabanas
alcanzaron a dar.
Quedando su trasero al descubierto
con vistas al gran boulevard
tanto ruido, risas y algarabías
no eran el canto habitual,
ya eso era una misa vulgar.
No se recuerda una ceremonia igual,
el cura mostrando sus posaderas
no puede bendecir ni consagrar,
y lo cierto es que Manolito,
tardó en volver a celebrar.