Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
¡No puedo decirte que no!
Mi corazón se revuelca en agonía,
clamando por tu presencia, tu esencia,
como el viento busca a la mar en su danza.
Mis labios ansían negarte,
pero mis suspiros traicionan mi deseo,
ardiendo en la llama de tu recuerdo,
que consume mis noches y mis días.
¡Decirte que no sería traicionarme!
Soy esclavo de tus besos en mis sueños,
preso en la jaula de tu ausencia,
que aprieta y ahoga mi razón.
¡Ah, cómo duele esta lucha interna!
Entre lo que debo y lo que anhelo,
entre el deber y la pasión desbocada,
que me consume en esta tortura eterna.
Así que no, no puedo decirte que no,
pues mi alma grita tu nombre en cada latido,
en cada lágrima que se pierde en el vacío,
en cada suspiro que busca tu aliento.
Mi corazón se revuelca en agonía,
clamando por tu presencia, tu esencia,
como el viento busca a la mar en su danza.
Mis labios ansían negarte,
pero mis suspiros traicionan mi deseo,
ardiendo en la llama de tu recuerdo,
que consume mis noches y mis días.
¡Decirte que no sería traicionarme!
Soy esclavo de tus besos en mis sueños,
preso en la jaula de tu ausencia,
que aprieta y ahoga mi razón.
¡Ah, cómo duele esta lucha interna!
Entre lo que debo y lo que anhelo,
entre el deber y la pasión desbocada,
que me consume en esta tortura eterna.
Así que no, no puedo decirte que no,
pues mi alma grita tu nombre en cada latido,
en cada lágrima que se pierde en el vacío,
en cada suspiro que busca tu aliento.