David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
No queda nada, apenas el silencio,
apenas los fragores de la nada,
no queda nada.
No queda ni siquiera el aire en los pulmones,
se fue, con otros aires
a volar entre el mundo con el viento,
se fue, como si fuera aire para escaparse.
No queda nada, como nada.
Apenas queda un algo vivo,
apenas queda vivo algo,
que queda todavía, sin aire que se escape,
sin viento que lo lleve
lejos del polvo nuestro y de la nada.
Apenas un silencio.
Apenas el silencio.
Apenas tu silencio.
Apenas mi silencio que no calla,
que no me deja en paz por siempre,
apenas un susurro que vaya a silenciarle
queda. No queda nada.
Apenas nada.
No queda nada.
Se fue con silencio del aire de suspiros
que no pueden hablar ni suspirar
porque no queda nada.
No queda nada.
Siquiera algún lamento,
siquiera alguna lágrima perdida,
siquiera el horizonte encima de montañas,
siquiera queda el horizonte.
No queda nada.
Apenas tuve tiempo, si lo sé
no lo supiera que no queda nada,
ni siquiera una lágrima en el mundo
que pueda desgarrar para expresarlo todo.
No queda nada,
el viento lo llevó, por sus andenes
de plumas retorcidas a conciencia,
como un leve susurro al aire,
que dice nada.
Porque nada queda,
apenas queda un mundo para el mundo,
apenas queda tierra para Tierra,
apenas queda cielo para el cielo.
Apenas nada.
Me quedo sin palabras,
me quedo sin la vida que da vida,
me quedo inexpresable,
me quedo quedamente en ataraxia,
que no me queda nada además de mi nada.
Entonces nada.
No volverá el susurro interminable,
no volverá la llama que daba con su fuego
la vida que suspira interminablemente.
Porque no queda
nada. No queda
nada que diga nada, con un susurro.
No queda nada.
apenas los fragores de la nada,
no queda nada.
No queda ni siquiera el aire en los pulmones,
se fue, con otros aires
a volar entre el mundo con el viento,
se fue, como si fuera aire para escaparse.
No queda nada, como nada.
Apenas queda un algo vivo,
apenas queda vivo algo,
que queda todavía, sin aire que se escape,
sin viento que lo lleve
lejos del polvo nuestro y de la nada.
Apenas un silencio.
Apenas el silencio.
Apenas tu silencio.
Apenas mi silencio que no calla,
que no me deja en paz por siempre,
apenas un susurro que vaya a silenciarle
queda. No queda nada.
Apenas nada.
No queda nada.
Se fue con silencio del aire de suspiros
que no pueden hablar ni suspirar
porque no queda nada.
No queda nada.
Siquiera algún lamento,
siquiera alguna lágrima perdida,
siquiera el horizonte encima de montañas,
siquiera queda el horizonte.
No queda nada.
Apenas tuve tiempo, si lo sé
no lo supiera que no queda nada,
ni siquiera una lágrima en el mundo
que pueda desgarrar para expresarlo todo.
No queda nada,
el viento lo llevó, por sus andenes
de plumas retorcidas a conciencia,
como un leve susurro al aire,
que dice nada.
Porque nada queda,
apenas queda un mundo para el mundo,
apenas queda tierra para Tierra,
apenas queda cielo para el cielo.
Apenas nada.
Me quedo sin palabras,
me quedo sin la vida que da vida,
me quedo inexpresable,
me quedo quedamente en ataraxia,
que no me queda nada además de mi nada.
Entonces nada.
No volverá el susurro interminable,
no volverá la llama que daba con su fuego
la vida que suspira interminablemente.
Porque no queda
nada. No queda
nada que diga nada, con un susurro.
No queda nada.