gabo.santisteban
Poeta recién llegado
No quiero olvidarla, tampoco quiero olvidar que nunca la olvido.
No quiero de mi vientre sacarla, no vaya a ser que me sienta tan vivo que nunca mas sufra y no me sienta perdido.
No quiero olvidarla, mientras tanto la olvido.
Tal vez así ya no duela, tal vez así, no me deje tranquilo.
La margarita no tiene mas pétalos, este niño se muere de frió.
No pienso olvidarla, frente al espejo repito. Y me engaño solito, si muchas veces lo digo.
Ya no es necesario pensarla, ya no la necesito, si me cuenta la almohada un pequeño cuentito.
Es mejor no olvidarla, y aprender lo vivido.
Sacar las cuentas del alma, estar en paces conmigo.
Una lapida blanca, un triste rincón, corazón mal herido yo no busco perdón.
Busco llenarme de olvido.
Quiero tenerla presente.
No sea que un día se me olvide, que tal que un día se arrepiente.
No sea que en un pulcro domingo se me acaben los llantos y ya no le pida valor fiado a la vida.
Se caen las monedas de engaños se caen las traiciones prohibidas.
No vaya a ser que distraiga a la soledad con una sonrisa y finja cordura de tanta demencia.
Demostrar que los vicios arruinan la vida, dejarse un esclavo de pura saliva, que cite poemas que si me quisieron y no sea más cliente del buen desperfecto.
No quiero de mi vientre sacarla, no vaya a ser que me sienta tan vivo que nunca mas sufra y no me sienta perdido.
No quiero olvidarla, mientras tanto la olvido.
Tal vez así ya no duela, tal vez así, no me deje tranquilo.
La margarita no tiene mas pétalos, este niño se muere de frió.
No pienso olvidarla, frente al espejo repito. Y me engaño solito, si muchas veces lo digo.
Ya no es necesario pensarla, ya no la necesito, si me cuenta la almohada un pequeño cuentito.
Es mejor no olvidarla, y aprender lo vivido.
Sacar las cuentas del alma, estar en paces conmigo.
Una lapida blanca, un triste rincón, corazón mal herido yo no busco perdón.
Busco llenarme de olvido.
Quiero tenerla presente.
No sea que un día se me olvide, que tal que un día se arrepiente.
No sea que en un pulcro domingo se me acaben los llantos y ya no le pida valor fiado a la vida.
Se caen las monedas de engaños se caen las traiciones prohibidas.
No vaya a ser que distraiga a la soledad con una sonrisa y finja cordura de tanta demencia.
Demostrar que los vicios arruinan la vida, dejarse un esclavo de pura saliva, que cite poemas que si me quisieron y no sea más cliente del buen desperfecto.