Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
No quiero más noche fría
en el albor de mis huesos
ni en la boca donde a besos
canta y besa mi alegría.
Quiero tu mano en la mía
como si eterna ella fuera,
apretada y compañera,
ardiente por ser abrigo…
y por único testigo
el frío tosco de afuera.
No quiero más vida presa
encadenándome el alma,
deshaciéndome la calma
con dolor y por sorpresa.
Quiero tu arrimo en mi mesa
con el que al fin me convierto
en el preso que liberto
se libera permanente
con tu brisa confidente
que me llena a pecho abierto.
No quiero más concesiones
al cielo que no es mi cielo,
al nublado que con celo
no reparte bendiciones.
Quiero tu voz sin prisiones
en mis oídos, señora,
como rima conductora
del milagro que a diario
pinta rojo el calendario
con su magia redentora.
No quiero más pestilencia
multiplicando asesina
la maldad que se avecina
revestida de indecencia.
Quiero tu toda presencia
purificándome el aire,
consiguiendo tu donaire
lo que mi razón no puede,
que mi corazón se quede
al candor de tu socaire.
en el albor de mis huesos
ni en la boca donde a besos
canta y besa mi alegría.
Quiero tu mano en la mía
como si eterna ella fuera,
apretada y compañera,
ardiente por ser abrigo…
y por único testigo
el frío tosco de afuera.
No quiero más vida presa
encadenándome el alma,
deshaciéndome la calma
con dolor y por sorpresa.
Quiero tu arrimo en mi mesa
con el que al fin me convierto
en el preso que liberto
se libera permanente
con tu brisa confidente
que me llena a pecho abierto.
No quiero más concesiones
al cielo que no es mi cielo,
al nublado que con celo
no reparte bendiciones.
Quiero tu voz sin prisiones
en mis oídos, señora,
como rima conductora
del milagro que a diario
pinta rojo el calendario
con su magia redentora.
No quiero más pestilencia
multiplicando asesina
la maldad que se avecina
revestida de indecencia.
Quiero tu toda presencia
purificándome el aire,
consiguiendo tu donaire
lo que mi razón no puede,
que mi corazón se quede
al candor de tu socaire.
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