Digo,
no quiero en mí ese ímpetu,
si no proviene de la alta montaña…
renuncio a esas anchuras,
que no son necesidad,
de nuestra corriente mansa.
No quiero la guía del oído,
si no es el que esquiva,
los ruidos de mis sombras
para escuchar su voz…
Y la inspiración de ese multicolor destello,
que nos trae de la mano,
por nuestro jardín de los recuerdos…
Bordar la imagen de su sonrisa,
con esos hilos fascinantes,
que manos compasivas iban dejando en el parque…
salamanquesas que se van trepando,
de los vahos literarios,
hasta los árboles de los principios…
y recorrer la ciudad,
para acariciarla,
con un viento de cáñamos;
y traerle el sol, repleto de ventanas cantarinas.
no quiero en mí ese ímpetu,
si no proviene de la alta montaña…
renuncio a esas anchuras,
que no son necesidad,
de nuestra corriente mansa.
No quiero la guía del oído,
si no es el que esquiva,
los ruidos de mis sombras
para escuchar su voz…
Y la inspiración de ese multicolor destello,
que nos trae de la mano,
por nuestro jardín de los recuerdos…
Bordar la imagen de su sonrisa,
con esos hilos fascinantes,
que manos compasivas iban dejando en el parque…
salamanquesas que se van trepando,
de los vahos literarios,
hasta los árboles de los principios…
y recorrer la ciudad,
para acariciarla,
con un viento de cáñamos;
y traerle el sol, repleto de ventanas cantarinas.