Intenso y denso ovillejo, querido amigo, en el que destilas la profunda pena por tu patria herida.
Es un poema de denuncia, pero lo haces desde la suavidad, sin ira, con la tristeza a flor de piel, y ¿sabes?, que en esa suavidad subyace toda la fuerza de la rabia contenida y del grito que reclama la memoria de los desaparecidos, y así lo he sentido, llegando con más fuerza al lector, precisamente a causa de esa suavidad.
Mis estrellas, querido amigo, que su brillo ciegue el alma negra de los verdugos, y que sus luces tracen senderos de gloria eterna por los que transite la esencia de las víctimas. Y, si la maquinilla carajotilla, jaja, me permite, reputación merecida.
Un enorme abrazo.