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No sé quién era

AnonimamenteYo

Poeta adicto al portal
No sé quién era
pero me enamoré de ella,
de todo su encanto,
pues la envolvía el misterio,
e igual si la conociera,
no la querría tanto.
Y entonces, yo,
enamorado,
a la incertidumbre
le daba la gracia
de un cuento inacabado.
No la conocía,
pero la amaba.
La amé aún más,
imaginando su nombre,
en cada noche en vela,
dibujándola en mi mente,
sin oír su voz ni su risa.
La soñaba con pasión,
la reconocía en cada latido,
era un libro sin abrir
en un cajón cerrado.
No la conocía,
pero cada día que pasaba,
la sentía en mi piel,
y su ausencia me consumía.
Ella no me conocía,
como si nunca hubiera
estado a su lado,
ni supiera que,
más allá de las palabras,
la amaba.
Y sin saber quien era,
quedé atrapado
como una sombra de su vida
y ella mi única razón de ser.
 
No sé quién era
pero me enamoré de ella,
de todo su encanto,
pues la envolvía el misterio,
e igual si la conociera,
no la querría tanto.
Y entonces, yo,
enamorado,
a la incertidumbre
le daba la gracia
de un cuento inacabado.
No la conocía,
pero la amaba.
La amé aún más,
imaginando su nombre,
en cada noche en vela,
dibujándola en mi mente,
sin oír su voz ni su risa.
La soñaba con pasión,
la reconocía en cada latido,
era un libro sin abrir
en un cajón cerrado.
No la conocía,
pero cada día que pasaba,
la sentía en mi piel,
y su ausencia me consumía.
Ella no me conocía,
como si nunca hubiera
estado a su lado,
ni supiera que,
más allá de las palabras,
la amaba.
Y sin saber quien era,
quedé atrapado
como una sombra de su vida
y ella mi única razón de ser.
A veces nos ocurre, quedamos atrapados en esos encantos.
Así de dulce es el amor.

Saludos
 
No sé quién era
pero me enamoré de ella,
de todo su encanto,
pues la envolvía el misterio,
e igual si la conociera,
no la querría tanto.
Y entonces, yo,
enamorado,
a la incertidumbre
le daba la gracia
de un cuento inacabado.
No la conocía,
pero la amaba.
La amé aún más,
imaginando su nombre,
en cada noche en vela,
dibujándola en mi mente,
sin oír su voz ni su risa.
La soñaba con pasión,
la reconocía en cada latido,
era un libro sin abrir
en un cajón cerrado.
No la conocía,
pero cada día que pasaba,
la sentía en mi piel,
y su ausencia me consumía.
Ella no me conocía,
como si nunca hubiera
estado a su lado,
ni supiera que,
más allá de las palabras,
la amaba.
Y sin saber quien era,
quedé atrapado
como una sombra de su vida
y ella mi única razón de ser.
Así son los amores más puros. Un gusto leerte.
 
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