Fingal
Poeta adicto al portal
No sé si me hago daño cuando te olvido
La penumbra entre el sueño y la vigilia,
cuando de los misterios que celebran
la razón indefensa solo quedan
ecos y estelas de risas furtivas.
Del dulce canto del arpa
solo un temblor en los dedos
y del fulgor de tu reino
una indecisa nostalgia.
Ya no encuentro universos en tus ojos,
no me tiembla el anhelo en tu presencia;
ya no hay más juramento de nosotros,
ni destino, ni mito ni leyenda.
Vacíos los escenarios,
horizontes clausurados,
luz de luna derramada
en la memoria del alma.
Eras niebla y en niebla te conviertes,
niebla que arrastra el otoño marchito.
No tengo fe que pueda defenderte;
solo asumir el invierno de olvido.
Volveré a mis paisajes de fuentes congeladas,
a la rutina estéril de las auroras blancas,
a la bendita calma del músculo vacío,
a descansar tranquilo, tan muerto como vivo.
Una última lágrima me queda,
lágrima de confines infinitos,
lágrima que trasciende a la consciencia,
lágrima pura y secreta,
de entraña y latido,
vestigio del alma,
de ciclos eternos,
belleza velada,
promesa de versos,
custodia impregnada
de amor y recuerdo.
Galapagar (Madrid) 17 de agosto de 2015
La penumbra entre el sueño y la vigilia,
cuando de los misterios que celebran
la razón indefensa solo quedan
ecos y estelas de risas furtivas.
Del dulce canto del arpa
solo un temblor en los dedos
y del fulgor de tu reino
una indecisa nostalgia.
Ya no encuentro universos en tus ojos,
no me tiembla el anhelo en tu presencia;
ya no hay más juramento de nosotros,
ni destino, ni mito ni leyenda.
Vacíos los escenarios,
horizontes clausurados,
luz de luna derramada
en la memoria del alma.
Eras niebla y en niebla te conviertes,
niebla que arrastra el otoño marchito.
No tengo fe que pueda defenderte;
solo asumir el invierno de olvido.
Volveré a mis paisajes de fuentes congeladas,
a la rutina estéril de las auroras blancas,
a la bendita calma del músculo vacío,
a descansar tranquilo, tan muerto como vivo.
Una última lágrima me queda,
lágrima de confines infinitos,
lágrima que trasciende a la consciencia,
lágrima pura y secreta,
de entraña y latido,
vestigio del alma,
de ciclos eternos,
belleza velada,
promesa de versos,
custodia impregnada
de amor y recuerdo.
Galapagar (Madrid) 17 de agosto de 2015