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Poeta que considera el portal su segunda casa
Silencio en bosque de cipreses,
salvaje oleaje invade el cuerpo,
montado en la cresta de tus labios,
al poniente de la cordura,
abierto y exprimido,
en espejo del paraíso,
viendo el amanecer,
como la ansiedad de la primera vez.
Remando sobre manto de pétalos,
acuna fuego tu aliento,
sumergido en el embrujo de tus ojos,
adueñándote de todo yo,
acude a la cita,
la aurora de tus manos,
transitando la vereda,
ciñendo tu boca a la mía,
en labios sangrantes,
bebiendo la estela de tu lengua calcinante,
piélago infinito,
escurre en la vastedad del abismo,
como guitarra de mil cuerdas,
vibrando palidece el cuerpo,
al resplandor de tu alma.
Ingenua y candorosa,
a pocos me lleva tu música,
estremeciendo mi piso,
que no queda quieto,
mientras la sabia fluye,
compartiendo misterios.
Estigma de labios fecundos,
en piel marcada de aroma,
y el colapso del miedo,
como filibustero,
sin poder recargar.
En tu cielo la tormenta,
y tú el rayo,
que ilumina el laberinto,
conmocionado aún,
por saber si todo esto es,
tu simple... beso.