carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
A mitad del camino de mi vida,
te hallé y eras el ritmo de mi propio corazón
y eras el movimiento y afán por desarrollo necesario.
Eras mi noche en la pupila y tú, que pegas en mis ojos,
Beatriz, y yo yendo, avanzando, resuelto
con soberbia; así te ví y supe lo que existe.
«Baja al charco donde no hay ambición desmesurada»,
me dijíste, «que tu cabeza sea como un pez
nervioso, manso, huidizo de ese Yo
despótico y dogmático».
Cada encuentro con el encanto misterioso e inefable,
que vuelva a comprenderse desde las aguas
del puro movimiento y no sea sangre
ni empeño de dominio.
Entonces no sería un pez
en el fondo del pantano.
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