No soy nada y tú lo eres todo…

Teo Moran

Poeta fiel al portal
No soy nada en el trinar del alba…
En su melodía las luces son notas
que con su repicar el verde olivar
florece dolido con sus flores blancas,
donde las higueras ríen colmadas
con sus frutos atados a sus ramas.
No soy nada y no soy nadie en el relieve,
en las cañadas y en las aguas tranquilas,
veo como lleva el agua con su cauce
los pétalos del narciso que a solas sueña
con el desconsuelo de las amapolas
que acarician las espigas del trigo
que con su grano suena a despedida.
No soy nada ante esos picos afilados
en la penumbra de su sombra dormida,
no soy nadie bajo sus hondos precipicios
que con la voz de su silencio es sinfonía
y en su rumor lleva unas notas de ausencia.
No soy nada, no lo soy y no lo pretendo,
al menos un rayo circunstancial y ligero
que entra por su ventana sin miedo,
acaricie su rostro con los dedos del sol
dando luz a su mueca frágil y delicada
mientras ella suspira por su dulce amor…
No soy nada, ni la sombra de una huella,
solo una piedra que se estrella con la luna
rota por el dolor y la desidia de su alma
que se fue en busca de su sueño inalcanzable,
una estrella fugaz que cruza el firmamento,
el deseo que se pide al perderse por el cielo.
No soy nada amor, sin ti no soy nada,
solo un papel sin escritura y deshecho,
una letra incomprendida en el poema,
un compás disonante en el trino del jilguero,
un beso que en el aire no alcanza su destino,
aquellas manos vacías que no te abrazan
y en el abrigo de tu recuerdo me oprimen
agitando con fuerza a mi desnudo pecho.
¡No soy nada y tú lo eres todo!…
 
No soy nada en el trinar del alba…
En su melodía las luces son notas
que con su repicar el verde olivar
florece dolido con sus flores blancas,
donde las higueras ríen colmadas
con sus frutos atados a sus ramas.
No soy nada y no soy nadie en el relieve,
en las cañadas y en las aguas tranquilas,
veo como lleva el agua con su cauce
los pétalos del narciso que a solas sueña
con el desconsuelo de las amapolas
que acarician las espigas del trigo
que con su grano suena a despedida.
No soy nada ante esos picos afilados
en la penumbra de su sombra dormida,
no soy nadie bajo sus hondos precipicios
que con la voz de su silencio es sinfonía
y en su rumor lleva unas notas de ausencia.
No soy nada, no lo soy y no lo pretendo,
al menos un rayo circunstancial y ligero
que entra por su ventana sin miedo,
acaricie su rostro con los dedos del sol
dando luz a su mueca frágil y delicada
mientras ella suspira por su dulce amor…
No soy nada, ni la sombra de una huella,
solo una piedra que se estrella con la luna
rota por el dolor y la desidia de su alma
que se fue en busca de su sueño inalcanzable,
una estrella fugaz que cruza el firmamento,
el deseo que se pide al perderse por el cielo.
No soy nada amor, sin ti no soy nada,
solo un papel sin escritura y deshecho,
una letra incomprendida en el poema,
un compás disonante en el trino del jilguero,
un beso que en el aire no alcanza su destino,
aquellas manos vacías que no te abrazan
y en el abrigo de tu recuerdo me oprimen
agitando con fuerza a mi desnudo pecho.
¡No soy nada y tú lo eres todo!…

Gran placer la lectura, saludos.
 

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