Manuel Avilés Mora
Pluma libre
No supe que me consumía el viento.
No existían las palabras.
Mis manos se dispersaron
en cinco angustias inservibles.
¡Qué oblicuos sentimientos asaltaban
cada poema escrito!
¡Cada verso nacido en la soledad
de un papel abarrotado de tiempo!
Esta melancolía tan mía,
acaparaba las letras que resbalaban de mi pluma;
de mi boca salían lamentos.
No, no supe que me consumía el viento,
en esta ventisca de soledades ciertas.
No supe, -por una vez no lo supe-
que mi boca, ya vacía de piedras,
no ayudaba a la digestión larga,
-ácida por la espera-
de tantos recuerdos tirados;
de tantas vivencias, que no recordaba
si solo fueron sueños
o pesadillas.
Me consumía el viento;
y el tiempo cerró la jaula a un León herido.
No existían las palabras.
Mis manos se dispersaron
en cinco angustias inservibles.
¡Qué oblicuos sentimientos asaltaban
cada poema escrito!
¡Cada verso nacido en la soledad
de un papel abarrotado de tiempo!
Esta melancolía tan mía,
acaparaba las letras que resbalaban de mi pluma;
de mi boca salían lamentos.
No, no supe que me consumía el viento,
en esta ventisca de soledades ciertas.
No supe, -por una vez no lo supe-
que mi boca, ya vacía de piedras,
no ayudaba a la digestión larga,
-ácida por la espera-
de tantos recuerdos tirados;
de tantas vivencias, que no recordaba
si solo fueron sueños
o pesadillas.
Me consumía el viento;
y el tiempo cerró la jaula a un León herido.