F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
No te diste cuenta… que no soy eterno
A mi hija Elvira, tras mi infarto
En versos eneasílabos, reforzados cerrando con un endecasílabo
La flor más lozana del mundo
cuando llega su tiempo… se aja,
se le caen sus pétalos mustios.
Y sólo de nuevo se inflama
su hermosa belleza y verdor
si es nueva flor… de otra rama.
Dios creó temporales las cosas.
Sólo el hombre aspira a fijarlas
y que sean eternas: la Vida,
la Belleza, la Gloria y Fama…,
A ti te sorprendió el anuncio,
o aviso de…¡la inesperada
finalización de mi vida!,
que gracias a Dios fue una alarma.
Como obra de Dios, soy mortal;
y así lo grabarás en tu alma.
¡Que me ha de ocurrir cualquier día!
¡Conforme! ¡Ya estás preparada!
Pero ríe y canta, entretanto,
la vida que Dios nos regala
Debemos querernos con fuerza,
más fuerza el minuto que pasa.
Bien te quiero, hija mía, sin que
la frase te suene a proclama.
La vida prolonga mis días
y por ello le doy las gracias
y te doy mil besos y abrazos
a la obra más pura y más cálida:
tú, que eres mi obra perfecta,
inteligente y más emocionada,
más lúcida, más trascendente,
más magnífica y más humana.
Ven y dame tu fuerte abrazo
¡y que broten de alegrías tus lágrimas!
A mi hija Elvira, tras mi infarto
En versos eneasílabos, reforzados cerrando con un endecasílabo
La flor más lozana del mundo
cuando llega su tiempo… se aja,
se le caen sus pétalos mustios.
Y sólo de nuevo se inflama
su hermosa belleza y verdor
si es nueva flor… de otra rama.
Dios creó temporales las cosas.
Sólo el hombre aspira a fijarlas
y que sean eternas: la Vida,
la Belleza, la Gloria y Fama…,
A ti te sorprendió el anuncio,
o aviso de…¡la inesperada
finalización de mi vida!,
que gracias a Dios fue una alarma.
Como obra de Dios, soy mortal;
y así lo grabarás en tu alma.
¡Que me ha de ocurrir cualquier día!
¡Conforme! ¡Ya estás preparada!
Pero ríe y canta, entretanto,
la vida que Dios nos regala
Debemos querernos con fuerza,
más fuerza el minuto que pasa.
Bien te quiero, hija mía, sin que
la frase te suene a proclama.
La vida prolonga mis días
y por ello le doy las gracias
y te doy mil besos y abrazos
a la obra más pura y más cálida:
tú, que eres mi obra perfecta,
inteligente y más emocionada,
más lúcida, más trascendente,
más magnífica y más humana.
Ven y dame tu fuerte abrazo
¡y que broten de alegrías tus lágrimas!
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