Miles de motocicletas
van de un sitio a otro sin deseo ni ángel.
La ciudad es un mensajero que mueve su lengua de caracol
y agita los narcisos como vieja nube o soliloquio.
No temas la saliva de las colinas,
allí está el monstruo blanco,
aquí la hormiga de cuernos bilingües,
el fraile sin ombligo,
la mujer que limpia de acordeones
la ceniza.
Tú me debes la paciencia de un rosal,
siento el calor de la tarde en las yemas del ocaso
y no te pronuncio,
diosa de los rombos, gacela azul,
noche de mi noche.
van de un sitio a otro sin deseo ni ángel.
La ciudad es un mensajero que mueve su lengua de caracol
y agita los narcisos como vieja nube o soliloquio.
No temas la saliva de las colinas,
allí está el monstruo blanco,
aquí la hormiga de cuernos bilingües,
el fraile sin ombligo,
la mujer que limpia de acordeones
la ceniza.
Tú me debes la paciencia de un rosal,
siento el calor de la tarde en las yemas del ocaso
y no te pronuncio,
diosa de los rombos, gacela azul,
noche de mi noche.